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Reportaje:

Psiquiatría de diseno

Los psicofármacos de la próxima generación, más rápidos y seguros

Deje a un lado el Prozac, el Xanac y todos los demás bálsamos para afligidos de moda en nuestros días: los científicos anuncian una nueva generación de medicamentos de diseño, tratamientos psiquiátricos más eficaces, de más rápida actuación y con menos efectos secundarios no deseados.Unos cuantos de los nuevos medicamentos se encuentran en la primera fase de pruebas en pacientes y está previsto que lleguen al mercado en los próximos cinco años. Otros son simplemente una lucecita en la imaginación de los psicofarmacólogos. Todos ellos son posibles gracias a los nuevos avances en investigación en neurociencias, fruto de la muy elogiada década del cerebro.

Oleada

Steven Hyman, director del instituto Nacional de la Salud Mental, afirma que la neurociencia tiene como objetivo crear "nuevos medicamentos que sean más eficaces y tengan menos efectos secundarios que ningún otro hasta la fecha al aprovechar la oleada de descubrimientos". Entre estos descubrimientos destaca una sorprendente revelación sobre las células cerebrales. Hasta hace poco, los neurocientíficos pensaban que sólo había una o dos variedades de cada clase de receptores, o proteínas del interior y de la superficie de las células cerebrales que reciben mensajes químicos. Esos mensajes dictan lo que hace una célula cerebral y el resultado puede ser tanto la incidencia del dolor o un destello de alegría. Ahora, los científicos se dan cuenta de que puede haber más de cien variedades de una determinada proteína receptora.Se han descubierto 15 receptores diferentes para la serotonina, un neurotransmisor relacionado con la: depresión; cinco para la dopamina, implicada en síntomas de esquizofrenia; seis clases para la norepinefrina y posiblemente docenas para el GABA (ácido gamma-aminobutírico), que desempeñan un papel en los desórdenes de ansiedad y en la depresión.

En el caso de los receptores de glutamato, que se encuentra en todas las neuronas, se calcula que hay un centenar o más de receptores diferentes que controlan aspectos de funciones esenciales como el aprendizaje o la memoria y de otras tan diversas como el humor, la coordinación de movimientos, el deseo sexual o la digestión.

Como es comprensible, el mayor entusiasmo reina entre los neurocientíficos de las empresas farmacéuticas. Steven M. Paul, uno de los pioneros en el desarrollo de la próxima hornada de psicofármacos, actualmente en Eli Lilly & Company, afirma: "Los psicofármacos de la próxima generación serán 10 veces mejores que los que tenemos en la actualidad".

Los psicofármacos actuales disminuyen o aumentan indiscriminadamente la actividad de todos los receptores de un neurotransmisor determinado, como la serotonina, y, por esa razón, causan efectos secundarios como, por ejemplo, problemas estomacales. Los científicos explican que la próxima variedad de medicamentos irá destinada únicamente al receptor específico que controla el síntoma en cuestión.

Los primeros psicofármacos fueron resultado de hallazgos inesperados combinados con perspicaces observaciones clínicas. Por ejemplo, el primer medicamento antipsicótico, la cloropromacina, fue descubierto accidentalmente en los años cincuenta, cuando los científicos estaban probando en unos pacientes lo que pensaban que era una nueva antihistamina.

Los psicofármacos con un uso más extendido hoy en día, entre ellos el Prozac, son en su mayor parte productos de la primera generación de medicamentos perfeccionados de forma aleatoria. Pero ahora que la biología molecular permite establecer por primera vez la estructura precisa de los receptores, nuevos métodos químicos automatizados permiten la producción de una serie de moléculas añadiendo sistemáticamente pequenos elementos para crear grandes cantidades de compuestos sutilmente diferentes.

Estas pruebas de bombardeo de cientos de miles de compuestos para encontrar alguno que tenga un efecto deseado en los receptores escogidos pueden reducir la etapa de desarrollo de años a meses. Una prueba sencilla consiste en utilizar una placa con 96 depósitos, cada uno de los cuales contiene un indicador radiactivo de un neurotransmisor vinculado al receptor objeto del estudio.

Un dispositivo automático pone un compuesto químico diferente en el interior de cada depósito y evalúa si ese compuesto interfiere en la capacidad del neurotransmisor de conectar con el receptor.

Ignorancia

Sin embargo, esta proliferación de receptores plantea una dura cuestion científica. "Por qué hay tantos receptores diferentes?", se pregunta Richard Weinberg, neurocientífico en la universidad de Carolina del Norte. "No lo sabernos". El descubrimiento de que la serotonina tiene 15 receptores en vez de dos o tres es como tener una caja de fusibles con 15 fusibles y sólo dos o tres con etiqueta; el próximo paso es hacer la labor detectivesca.Hyman señala que es necesaria más investigación básica para descubrir exactamente el circuito cerebral que se conecta a cada uno de los nuevos receptores. Sin embargo, la mayor parte de los científicos son optimistas sobre las posibilidades. El problema con la medicación actual es que actúa de forma basta, algo así como inundar un jardín para regarlo. Incluso la medicación antisicótica más reciente, como el Resperidol, la Olanzapina y el Sertindole "son los últimos de la generación más antigua, pero actúan en multitud de puntos", señala John Tallman, director científico de Neurogen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de diciembre de 1996