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Editorial:

Vientos de cambio

LOS VIENTOS de cambio siguen soplando en Europa del Este. Tras las votaciones que sentenciaron la derrota de Walesa en Polonia hace ahora un año, o que pusieron en senos aprietos a Klaus en la República Checa, les ha Regado el turno a Rumania y Bulgaria, donde los antiguos comunistas reconvertidos se han visto derrotados por partidos que pretenden impulsar unas reformas largo tiempo pendientes. El temor a perder los trenes de la modernización, de la Unión Europea o de la OTAN ha debido pesar sobre estas decisiones populares.En Rumania, a pesar de la espectacular caída del régimen y de la persona de Ceausescu, la antigua nomenklatura, con Ion lliescu a la cabeza, había seguido dominando el país. Pero esta elección ha sido diferente. El Gobierno ya no controla toda la televisión, al existir una cadena privada desde hace algún tiempo. Emil Constantinescu, al frente de una coalición de democristianos y liberales, ha ganado en el Parlamento sobre el partido de Iliescu. El apoyo -según el pacto cerrado ayer- de Petre Román y sus socialdemócratas le es necesario a Constantinescu para gobernar y para alzarse con la victoria en la segunda vuelta de las presidenciales, el próximo día 17, si quiere desbancar a lliescu, que obtuvo más votos en la primera ronda.

En Bulgaria, los votantes han puesto a la cabeza del país, en la segunda vuelta, a Petar Stoyanov, líder del Frente Democrático Unido, que ahora pretende forzar elecciones legislativas para evitar una cohabitación y tratar de arrebatar todo el poder que les queda a los hoy socialistas en el Gobierno.

Junto a Albania, tras sus fraudulentas elecciones, un Estado que escapa a esta tendencia al cambio es la República Federal de Yugoslavia, formada por Serbia y Montenegro, donde la coalición impulsada por el presidente Slodoban Milosevic ha triunfado en las elecciones legislativas y municipales. Frente al bloque de la oposición liberal, que se siente abandonada por Occidente, el de Milosevic se presenta como un triunfo de la izquierda neoyugoslava. Difícilmente puede recibir este atributo uno de los principales instigadores de la guerra asesina en la antigua Yugoslavia. En un país con un férreo control sobre los medios de comunicación, el triunfo de Milosevic no puede sorprender, pero sí lo que es una alternativa aún peor: la del ultranacionalista Partido Radical Serbio, encabezada por el sanguinario Vojislav Seselj, que obtuvo un preocupante 18%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de noviembre de 1996