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CARTAS AL DIRECTOR

Funcionarios

Soy funcionario y me alegro de que, al parecer, por fin se estén tomando medidas para evitar el despilfarro que suponía el que tuviéramos acceso a unos teléfonos, unas fotocopiadoras y un material de oficina de los que unos más y otros menos, sacábamos partido pensando que nuestro mísero y eternamente congelado sueldo nos daba derecho a buscar otras compensaciones. Teléfonos con códigos de acceso que restringen su uso, listados de llamadas que pueden permitir detectar las inapropiadas y cobrarlas, e instalación de cabinas para llamadas personales urgentes, parecen buenas medidas.También se van a instalar (en algunos sitios ya existían) torniquetes de acceso, y se van a proporcionar tarjetas identificativas para que nadie deje de estar en su puesto ni un minuto sin justificación. Ignoro el coste de estas medidas y, aunque suenan un poco a acuartelamiento controlado, no me parecerían mal si también se entrara de lleno en el verdadero problema de la Administración: no existe un catálogo serio de puestos de trabajo con asignación a cada empleado público de un cometido, de unas tareas reales, y no teóricas, que le permitan desarrollar los conocimientos que utilizó para entrar en la Administración y que rara vez tiene oportunidad de aplicar.

Miles de funcionarios no tienen nada que hacer porque sus superiores carecen de ideas para sacar partido a tan importantes recursos humanos ... Pero es más fácil dedicarse a controlar personas que a cubrir necesidades que -en mi opinión- están desabastecidas. No puedo concebir colas y listas de espera en universidades u hospitales públicos, en Hacienda, Interior, Inem o Seguridad Social, mientras hay funcionarios que, queriendo trabajar, no pueden hacerlo.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de octubre de 1996