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FÚTBOL OCTAVA JORNADA DE LIGA

El Valencia refuerza las tesis de Luis

El Atlético, muy triste, pudo ser goleado

En un partido lleno de pasión, el Valencia reforzó una a una las tesis de su técnico, que reclama para sí la creación de este equipo, que construyó el pasado ejercicio. Y éste es el equipo de Luis: rápido, vehemente, agresivo y ayer eficaz ante un Atlético desconocido, superado por el manual del preparador madrileño. Para las grandes ocasiones, el Valencia se viste de entusiasmo para derribar a los rivales de talla. Ya lo hizo ante el Bayern y lo repitió ante el bicampeón español. De haber tenido unas gotas más de clase, el Valencia habría barrido al Atlético, que acusó graves problemas de motivación.Como suele suceder cuando Luis y Antic se miran de reojo desde banquillos opuestos, el partido nació excitado. Muy excitado. Todo era rápido y nervioso. Y la sobrecarga de agresividad se transformó en fútbol en el instante en el que Pantic lanzó el balón al piso, se lo cedió a Kiko y éste a Esnáider, para que el argentino probara el estado de gracia de Zubizarreta. La jugada anunciaba una lección atlética, pero fue la única. Progresivamente, el equipo de Antic fue evaporándose en la nube de excitación valencianista. Transcurridos los primeros 45 minutos, nadie sabía del paradero de Pantic, síntoma inequívoco de la opacidad rojiblanca.

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A la media hora el partido era completamente del Valencia: cada jugador local era un cuerpo más rápido, más fuerte, más vivo que su rival de turno. Pero, sobre todo, Poyatos, que frente al que dicen mejor centro del campo de la Liga, impuso su coraje desmesurado para asumir el mando. Pocos jugadores se atreven a contestar al poder intimidatorio de Simeone. Poyatos es uno de ellos. Y de qué manera.

De haber tenido unas briznas más de calidad en el ataque, el encuentro habría virado del todo hacia el lado valencianista. De hecho, el partido hubiese continuado cerrado de no haber sido por un par de jerezanos semidesconocidos y humildes, Romero y Poyatos. El primero, que parecía sentenziado tras aquel penalti ante el Bayern, resurgió para templarle el cuero a Poyatos, que lo buscó con hambre y decisión y lo mandó a las redes. Y así se cumplían una vez más las profecías de Luis Aragonés, siempre partidario de los jugadores modestos y trabajadores.

Kiko, dormido

Tras el descanso, Antic reestructuró la sala de máquina, en la que colocó al frente a Bejbl, marginado a la derecha en la primera parte. Y no es que el cambio influyera tan rápido, pero Kiko, dormido toda la tarde, tuvo la última oportunidad para despertar al Atlético: se plantó solo ante Zubizarreta y lanzó fuera. Zubi no solamente para, también intimida.A continuación, con la expulsión de López (la gran sorpresa de Antic en la alineación) y las necesidades atléticas, el Valencia sólo debía esperar a que amaneciera su contraataque. Era cuestión de tiempo o mejor de pausa, de la que carece Claudio Piojo López. Porque el argentino tuvo a su alcance la goleada, pero prefirió golpear sobre el portero.

Vista la nulidad del Piojo, al Valencia le aquejó cierto conformismo y el Atlético empujó, más por inercia que por cualquier otra cosa, pues claro estaba que aquel no era su día.

El partido se embruteció, Luis apuntaló la medular y el Valencia se reservó para mejor ocasión. Y en medio de todo ello saltó de nuevo VIaovic, ansioso por dejar en el olvido a Mijatovic. Al final, Piojo tanto se cansó de fallar que destapó un gol magnífico desde unos 25 metros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de octubre de 1996