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El 'culebrón' de los chimpancés

Canal+ se adentra en la selva de Gombe de la mano de la zoóloga Jane Goodall

Fifi es una chimpancé única en el mundo. Tiene 38 años, dirige con mano firme un clan de 40 primates y ha logrado la proeza de mantener con vida a sus seis crías, a las que defendió con todas sus fuerzas cuando otra chimpancé, Passion, y la hija de ésta, Pom, protagonizaron espantosos sucesos de canibalismo en la reserva de Gombe, en Tanzania. Pero lo que realmente convierte a Fifi en extraordinaria es que su vida ha sido escrita primero (A través de la ventana, Salvat), y filmada después, por Jane Goodall, la zoóloga británica convertida ya en leyenda. Esta noche Canal + reserva su horario de estreno cinematográfico al trepidante culebrón que resume la vida de Fifi y sus hijos (22.00).El documental Jane y los chimpancés es una producción de la BBC, concluido a comienzos de este año. En él aparecen escenas del antes y el después en la vida de Goodall y de los habitantes peludos de Gombe: se ve a una joven y ágil Jane, hace 36 años, observando a la familia de la chimpancé Flo, una madre competente, afectiva y tolerante que supo trasmitir estas cualidades a sus hijos, y muy especialmente a Fifi, que entonces tenía dos años. En aquel tiempo Jane era una recién llegada a Gombe. Acudió allí por encargo del antropólogo Louis Leakey y hasta entonces muy poco se sabía de los primates que más se parecen a los humanos -sólo el 1% de la estructura del ADN separa a los chimpancés de los hombres-, y menos aún se conocían las costumbres de los chimpancés en libertad. Ella, con la ayuda de sus estudiantes y sus empleados tanzanos, realizó espectaculares descubrimientos: primero observó que no eran exclusivamente vegetarianos: de cuando en cuando cazaban crías de papión o colobo y lo degustaban comunitariamente en auténticas merendolas.

A continuación vio, espantada, que a veces la carne era de su misma especie. Sólo constató siete casos de canibalismo a lo largo de 36 años de estudio de los chimpancés y siempre fueron efectuados por la misma pareja, Passion y Pom, que cesaron sus matanzas cuando ambas quedaron embarazadas. Pero la noticia dio la vuelta al mundo, y Gombre pasó a ocupar un lugar privilegiado en los mapas de naturalistas y zoólogos.

Posteriormente, vio que los chimpancés también eran capaces de emprender guerras para apoderarse de hembras en celo y, lo más asombroso de todo, constató que eran capaces de causar dolor adrede, conscientemente, por el placer de ser crueles. Este rasgo, que les aleja del resto de la comunidad animal y les acerca a los humanos, fue el último elemento de comportamiento negativo observado por Jane Goodall en los chimpancés.

También averiguó que elaboran y utilizan herramientas con facilidad, que emplean un lenguaje concreto, practican extraordinarias muestras de afecto, son generosos, comunicativos, inteligentes, divertidos, usan medicinas naturales -incluso cataplasmas-, adoptan a las crías huérfanas y sufren, sufren como condenados cuando se talan sus bosques y se les priva de su alimento, o cuando son perseguidos, cazados y transportados de cualquier manera por tierra, mar y aire para acabar expuestos tras los barrotes de los zoológicos o sacrificados en los laboratorios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de mayo de 1996