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Reclusión en la frontera

Como el Deportivo, el PSG afrontará el partido de hoy recién llegado a París. Aprovechando que no hubo Liga en Francia el pasado fin de semana, su entrenador, Luis Fernández, decidió recluir al equipo en la localidad fronteriza de Hendaya, a tiro de piedra de Irún. En el aire del País Vasco, Fernández intentó recuperar lesionados, cargar pilas y alejar a los jugadores del ambiente un tanto caldeado que estaba rodeando al club propiedad de Canal Plus Francia desde hace algunas semanas.Aunque, en realidad, el PSG ya había tomado oxígeno con sus victorias en Riazor y pocos días después en Niza, en partido de Liga. De ese modo, logró sobreponerse a los tropiezos de las dos semanas anteriores, que le hicieron perder el liderato del campeonato francés en favor del Auxerre. A falta de cuatro jornadas, este último equipo, de un pequeña ciudad próxima a París, aventaja en un punto al conjunto de Fernández, el más adinerado de Francia tras el espectacular hundimiento del corrupto imperio Tapie en Marsella.

Por primera vez en mucho tiempo, Fernández ha visto con alivio cómo se le vaciaba la enfermería. El trabajo de Hendaya le ha permitido recuperar a su gran figura Djorkaeff -que, aunque marcó el gol en la ida, no pudo jugar de titular-, además de Bravo, Loko y Raí. De todos modos, es probable que estos dos últimos se queden en el banquillo de principio. En el caso del brasileño, su sustituto Nourna, fornido y velocísimo, fue tal vez el mejor futbolista del PSG en Riazor.

"No me fío", asegura un Fernández muy prudente ante el choque de hoy, "cuando Toshack dijo que si ellos ganaban en La Coruña pasarían la eliminatoria seguro, yo ya advertí que había que jugar los dos partidos. Y ahora, con el marcador favorable a nosotros, sigo pensando lo mismo". Fernández se mueve con tal secretismo que los dos últimos entrenamientos en París fueron a puerta cerrada.

Es probable que hoy se cubran las cerca de 50.000 localidades del Parque de los Príncipes. La afición del PSG es bulliciosa y sus grupos radicales muy temidos, aunque vivan en una extraña contradicción: son racistas y a la vez devotos de un equipo plagado de futbolistas de raza negra. En las gradas habrá también la habitual representación de la colonia de emigrantes gallegos y de otras zonas de España. De La Coruña se han desplazado sólo unas decenas de Riazor Blues. Los emigrantes más asiduos del fútbol sueñan con que el Deportivo les compense de las afrentas sufridas en los tres últimos años en el coso parisino por Real Madrid y Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de abril de 1996