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Un oasis de tolerancia étnica

De una fachada en una céntrica placita de Tuzla cuelga un gran marco con una cincuentena de fotografías, la mayoría de jóvenes. A ras del suelo, una figura metálica rodeada de una pequeña corona fúnebre recuerda a las 71 personas muertas el 25 de mayo pasado por un proyectil de mortero serbobosnio en la mas sangrienta carnicería de inocentes cometida de una sola vez en Bosnia. Varios de los muertos eran serbios.Caso singular en Bosnia, Tuzla ha mantenido durante los cuatro años de guerra una tradición de tolerancia. "Ésta es una ciudad que rechaza el nacionalismo primitivo", dice su alcalde, Selim Beslagic. Los habitantes de Tuzla, que fue un pilar de la industria yugoslava antes de 1992, fueron los únicos del país que no votaron por razones étnicas en, las primeras elecciones de 1990. Esta fue la única región de mayoría musulmana donde fue derrotado el partido de Acción Democrática, del presidente Alia Izetbegovic. Todavía hoy su impulso de convivencia es un ejemplo en la Bosnia forzada a arrojarse en brazos de uno u otro de los tres clanes rivales.

Ahora, bajo los focos de la presencia militar estadounidense, Tuzla es una ciudad relativamente entera y urbanizada, pero desolada. A pesar de ello, la región que domina Tuzla, con casi 450.000 habitantes, es con diferencia la más poblada de Bosnia y mueve la única actividad económica digna de tal nombre en este país devastado. En los comienzos del conflicto abandonaron Tuzla la mitad de los 20.000 serbios que la habitaban. El resto decidió quedarse y a lo largo de casi cuatro años de aislamiento, en que sólo los convoyes de Naciones Unidas evitaron la muerte por hambre a los cien mil habitantes de la ciudad, se consiguió mantener la cohesión interétnica. Incluso después de la matanza de mayo de 1995. Incluso después de agosto del año pasado, cuando fue inundada por las decenas de miles de musulmanes que huyeron del horror serbio en la caída Srebrenica. Tuzla fue también un blanco favorito de las milicias de los ultranacionalistas bosniocroatas de Mostar, que cortaron en 1993 y 1994 las rutas de su ministro desde el Adriático al centro y norte del país. Pero ni los serbios ni los croatas que permanecieron y permanecen en Tuzla fueron víctimas de campañas indiscriminadas de terror étnico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de marzo de 1996