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NO ES ROBIN HOOD

La conciencia, incluso tal y como la explican los predicadores más píos, existe. Al menos, la de J. V. A., un coruñés de 28 años que se entregó en la comisaría del barrio de Elviña, confesando una enorme depresión fruto de un atraco a mano armada cometido el 4 de noviembre de 1994. Aquel día había cogido una escopeta de caza de un compañero de piso "para dar un susto a un conocido", y al encontrarse ante una sucursal bancana, decidió atracarla al grito de: "¡He soltado el seguro, voy a disparar!". Ante los que se supone maravillados agentes, J. V. A. afirmó que desde entonces sufre pesadillas y no puede resistir el impulso de agredirse (hace meses se lesionó con un cuchillo) o agredir a otros. También aclaró el destino del millón de pesetas que había robado: "Lo repartí entre amigos que sabía que necesitaban dinero". Ya no quedan Robinhoods. -

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