Craioveanu tira de la Real Sociedad

El libro de la Liga es especialmente largo, de tal forma que se construye de vez en cuando mediante capítulos de relleno. Páginas cuyo desenlace es previsible y que discurren con oficio pero sin emoción. Sólo cuando el esfuerzo se cobró algunas víctimas, el encuentro adquirió algunas dosis de emotividad. Es la ley de los partidos de tránsito, de las disputas de relleno.El Celta quiso construir el fútbol en la parcela central con pases cortos y en busca permanentemente de Ratkovic y de Carlos. La rapidez del césped de Anoeta y la presión de la Real Sociedad se lo impidieron siempre. El Celta se quedó sin argumentos y las únicas líneas que escribió en el partido fueron los lanzamientos de falta de Gudelj que en dos ocasiones puso en apuros a Alberto.

La Real Sociedad exhibió su estado de gracia. La segunda vez que llamó a la portería de Prats la encontró abierta. Fue un disparo seco de Craioveanu que se alojó junto al poste. Andaba el Celta tratando de templar el partido y amansar el balón, cuando ya perdía en el marcador.

Los donostiarras sacaron provecho a la genialidad de su goleador resucitado. Para entonces había hecho poco más que ordenar una presión asfixiante. Parecía que la ausencia del sancionado Karpin le hubiera dejado falto de ideas. De Paula, sustituto en esa labor, navegaba sin sentido en una función que le excede. Tras el gol, el capítulo futbolístico lo escribió ayer sin descanso y de un tirón la Real.

Fernando Castro, acuciado por las múltiples bajas, fue dando entrada a sus efectivos más ofensivos. Pero la Real Sociedad ajustó su contragolpe ofreciendo los motivos futbolísticos más interesantes del encuentro. El segundo gol fue fruto de una jugada construida en tres toques: Aranzábal habilitó a Uría y el centro de éste lo remató Craioveanu tras parar, mandar y templar. Fue el detalle del partido. Lo de antes y lo de después fue pura anécdota: el gol de Alejo en propia puerta, el gol honorífico de Milojevic, los abucheos habituales de Patxi Salinas y el recital de inexactitudes del colegiado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 11 de febrero de 1996.

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