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Entrevista:Lee Kwan YewMinistro Principal de Singapur

"No se acaba el mundo por vivir sin chicle"

Confuciano hasta la médula, gobierna Singapur interesa su desarrollo sus "hábitos repugnantes", como mascar chicle, los prohíbe tajantemente

A. Lee Kwan Yew, nacido en 1923, se le identifica más que a ningún otro con la voluntad de hierro que está detrás de la milagrosa transformación de Asia desde la pobreza hasta el umbral de la prosperidad. Cuando en 1965 llevó a la independencia a su pequeña y frágil ciudad-Estado al hacer que abandonara la Federación de Malaisia, el Banco Mundial consideró que la antigua colonia británica era "un caso perdido". Hoy, la renta media de Singapur es de 21.000 dólares per cápita, las calles inmaculadas están llenas de prósperas tiendas y el desempleo y la pobreza son prácticamente inexistentes.Lee, que ocupó la jefatura del Gobierno de Singapur desde 1959 hasta que dimitió en 1990, aunque ha seguido manteniendo el título de ministro principal, no excluye una invasión china de Taiwan y predice que Japón saldrá de la recesión y su economía crecerá más rápidamente que EE UU. En una inusual entrevista, el líder de Singapur mezcla el análisis con las ráfagas de ira autoritaria, preocupado porque el siglo XXI pueda acabar con diferencias culturales esenciales. Aunque Singapur ha asombrado al mundo con su progreso económico, ha asustado a muchos con sus normas represivas, que prohiben incluso mascar chicle. A los 75 años, el severo y perfeccionista Lee sigue manteniendo una posición desafiante.

Pregunta. ¿Cuánto peligro encierra en este momento el conflicto entre Pekín y Taiwan?

Respuesta. Si los taiwaneses proclamaran la independencia, no puede excluirse el uso de la fuerza. Pero hay otras posibilidades. Pekín podría mantener la tensión entre ambas orillas del estrecho. Eso estancaría la economía tanto en Taiwan como en la provincia de Fujian. Si existe una tension e incertidumbre generalizadas, caerán las inversiones en ambas orillas del estrecho de Formosa. Taiwan sufriría por ello, y también la provincia de Fujian. Pero la prueba de resistencia sería desigual, porque China tiene otras 29 provincias además de Fujian.

P. ¿Hasta qué punto es serio el compromiso de China de liberalizar más su economía?

R. China quiere integrarse en la región lo más rápidamente posible. Ha decidido que su antigua política, basada en el modelo soviético, empobreció el país. Quiere ser como Hong Kong, Taiwan o Corea del Sur.

P. ¿Cree que China puede lograrlo de forma pacífica?

R. En China, la generación actual ha pasado por disturbios, privaciones y hambrunas. Se da cuenta de que si tiene paz y estabilidad durante 20 o 30 años alcanzará la industrialización, así que hará todo lo posible para mantener la paz y la estabilidad. Pero, por su inmenso tamaño en comparación con los países cercanos levanta los temores de sus vecinos. Por ejemplo, la disputa sobre las islas Spratley [un archipiélago compuesto por 400 atolones y arrecifes, y reclamado parcialmente por China, Taiwán, Filipinas, Malaisia, Brunei y Vietnam]. Los chinos establecieron lo que llaman "estructuras pesqueras" para vigilar la región. [Cuando la Marina filipina apresó a los pescadores llevaban uniforme]. Los países asiáticos se mostraron preocupados. Pero China calmó a todo el mundo al afirmar que no emplearía la fuerza y, que respetaría el derecho internacional. Eso tranquilizó a todo el mundo.

P. ¿Presenta Asia un reto importante al modelo dominante occidental de democracia y libre mercado?

R. Los países asiáticos hemos compartido ciertas experiencias comunes, como el colonialismo, que nos dieron un sentido de desgracia común. Todos queremos salir de los diversos grados de atraso en que nos dejaron las potencias occidentales y entrar en la era posindustrial. Yo diría que el sureste asiático alcanzará el 60% o el 70% del nivel de modernidad de Japón.

P. ¿No está Japón estancado?

R. Sí y no. Nunca verá usted a los japoneses andando despacio. Siempre andan deprisa. Es algo que va en los genes y en la cultura. La combinación de ambas cosas determina el rendimiento. He leído muchos artículos de analistas occidentales, e incluso japoneses, que ponen en tela de juicio las capacidades de Japón. Pero creo que el país resolverá su crisis bancaria y volverá al buen camino. A largo plazo, su crecimiento será uno o dos puntos mayor que el de EE UU.

P. ¿Necesita Asia, con una población cada vez más vieja, el Estado de bienestar europeo?

R. Si se elimina el incentivo y la obligación que tiene el hombre de ocuparse de sí mismo y de su familia, se hace que pierda su impulso por alcanzar logros. Es la diferencia entre un mono silvestre y un mono domesticado. Hemos visto, los problemas del Estado de bienestar en Occidente. Asistí a su introducción en el Reino Unido cuando estudiaba allí [Derecho], en 1946. Se hizo por el mejor, más noble y altruista de los motivos, pero el resultado ha sido un debilitamiento. Quienes lo planificaron pasaron por alto el impulso fundamental de los seres humanos: el hombre necesita ser espoleado para aspirar a un logro.

P. ¿Cree que el modelo asiático podría funcionar en algún otro, lugar del mundo?

R. No se pueden trasplantar los motivos culturales del éxito de Asia. La cultura es un factor crucial para determinar los resultados.

P. ¿Qué hay de la Europa del Este?

R. Visité Hungría y me sorprendió la diferencia entre los húngaros y los chinos. Los húngaros y los chinos comparten un desastre similar, un Gobierno comunista durante 40 o 50 años. Hungría está junto a Austria y la provincia de Fujian está enfrente de Taiwan. Los húngaros dicen: "América, Europa, por favor, ¡ayúdennos con un Plan Marshall!". Quieren que alguien les saque del agujero para acortar distancias con Austria. En Fujian no se lamentan diciendo: "¡Ayudadnos, hermanos taiwaneses!". Lo que dicen es: "Por favor, vengan a hacer negocios con nosotros. Trabajemos juntos". La actitud supone una diferencia enorme en sus resultados económicos. Cuando la actitud mental de la gente es positiva, los resultados son inconfundibles.

P. ¿Qué opina de la democracia en Asia? ¿Cree que la evolución que está teniendo lugar en Corea del Sur, Taiwan y Hong Kong apunta a un modelo político más occidental, también para Singapur?

R. No estoy seguro de que esos países sean necesariamente más occidentales que nosotros. Han satisfecho a los grupos estadounidenses de derechos humanos mediante una libertad de prensa casi ilimitada. Nosotros tenemos una prensa que se impone su propia disciplina. La tarea de la prensa de Singapur no es hacer campañas ni organizar cruzadas, sino informar, educar y entretener. Esta diferencia se debe a una apreciación distinta de la clase de pueblo que queremos ser.

P. Ha obtenido usted 300.000 dólares del International Herald Tribune. ¿Es importante para usted?

R. No me beneficiaré del dinero; lo donaré a una organización benéfica. Nunca he aprovechado para mi lucro personal las indemnizaciones por libelo. La gente no puede afirmar falsedades impunemente. Escribieron auténticas mentiras, acusandome de corrupción. Recibí una indemnización porque escribieron mentiras.

P. Por una parte se le considera como el arquitecto del gran éxito de Asia, y por otra parte como un autócrata intolerante como el hombre que prohíbe mascar chicle. ¿Cómo quiere que le recuerden?

R. Prohibimos el chicle después de que construyéramos metro. Algunos chicos pegaban chicle en las puertas de los vagones, con lo que no se cerraba automáticamente, sino que permanecían abiertas. No se acaba el mundo por vivir sin chicle. En Asia prosperamos durante miles de años antes de que los norteamericanos introdujeran ese hábito repugnante. Si Occidente lo encuentra divertido, me parece perfecto, porque no supone un gran coste para mí.

Desafíos del siglo XXI

P. ¿Cuáles cree que son los principales desafíos para el próximo siglo?

R. Desde la revolución industrial, el ritmo de los cambios es la tecnología y la ciencia ha sido cada vez más rápido. Ahora todos estamos vinculados y dependemos unos, de otros, nos guste o no. Hoy está usted en Singapur puede volver a París en unas 13 horas. En 20 años podrá volver en tres horas. Más tarde podrá estar en París al mismo tiempo que en Singapur mediante la realidad virtual. Será un mundo muy diferente, y a mi generación le resultará difícil adaptar emocionalmente.

P. Pero, al mismo tiempo que nos acercamos físicamente, dice usted que seguimos siendo muy distintos cultural y psicológicamente.

R. Este es uno de los mayores retos de nuestro tiempo. Debemos garantizar que nuestros hijos conserven lo esencial de nuestras distintas culturas. La presión de las influencias extranjeras crecerá. Si no somos capaces de transmitir nuestros valores básicos a nuestros hijos de forma temprana, haciendo que penetren en su subconsciente durante la infancia, es fácil que puedan seguir el camino de tantas sociedades acomodadas que pensaron que su futuro estaba asegurado.

P. ¿Cómo cree que podemos seguir siendo diferentes al mismo tiempo que trabajamos juntos?.

R. Tengo que entender a una persona para poder trabajar con ella. Pero no hace falta que me guste, que comparta sus valores. Puedo hacer negocios con un musulmán que tiene cuatro esposas. Pero no tengo por qué ser como él ni mis hijos tienen por qué tener cuatro esposas como los suyos. No quiero que mi hija sea una de las cuatro esposas. Si no mantengo mi identidad distintiva perderé las capacidades de supervivencia que evolucionar con mis antepasados. Estas capacidades de supervivencia dependen de que la familia siga siendo la unidad básica de mi sociedad. Si se deshace la familia y el sexo pasa a ser libre para todos, el resultado sería una catástrofe desde mi punto de vista asiático.

Copygriht World Media / EL PAÍS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de enero de 1996