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"Todos los hombres merecen ser asesinados" dice la 'viuda negra'

Cuenta cómo torturó a su últírna víctima

La austríaca Elfriede Blatiensteiner, de 64 años, presunta asesina de al menos siete hombres, a los que envenenó con fármacos para quedarse con las herencias, protagonizó la noche del sábado un espectáculo grotesco, posando perfectamente maquillada para los fotógrafos. Todo ocurrió después de un interminable interrogatorio en el que confesó sólo dos de los crimenes y brutales detalles de cómo torturaba a sus víctimas moribundas, en todo un alarde de psicópata: "Odio a todos los hombres, y todos ellos merecen ser asesinados".

Vestida con pantalones ajustados, botas hasta las rodillas y un abrigo de piel artificial que se apretaba al, cuerpo, gritó a los periodistas y cámaras: "Aquí estoy, ¡yo soy la viuda negra!". Antes de subirse al vehículo policial que la trasladó a la cárcel de la ciudad de Krems, volvió la cabeza por última vez y dijo que en la cárcel escribiría el libro de su vida "un verdadero best-seller".

Esta mujer, madre de cuatro hijos, gran dama de los casinos de Viena y Baden, que buscaba viudos ricos anunciándose en los periódicos, confesó finalmente cómo mató a la última de sus víctimas, Alois. Picgler, suministrándole en las comidas y en la leche antidepresivos y medicamentos para diabéticos. Ya moribundo, lo ahogó. "Me daba asco el viejo", dijo a los policías. Una noche del pasado mes de noviembre, el estado de salud de Picgler empeoró. Lo desnudó y dejó tirado en el salón de la casa con las ventanas abiertas. El anciano intentó levantarse, se cayo tropezando con los muebles y gritó inútilmente pidiendo ayuda, según la confesión de Blauensteiner. Cuando ella despertó a la mañana siguiente pensó que le encontraría muerto; ahora ha reconocido que sintió "pánico", cuando comprobó que su corazón aún latía.. No le quedó más remedio que bañarlo bien para limpiarle sangre y, con ayuda de su abogado, ahogarlo.

Su abogado, Harald Schmidt, de 39 años, actuó en todo momento como cómplice.

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