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CARTAS AL DIRECTOR

¿Dónde dormirán en el mes de diciembre?

A mediados del mes de agosto llegaron a Rivas-Vaciamadrid poco más de un centenar de gitanos rumanos que venían huyendo de las cada vez más frecuentes agresiones racistas que contra ellos se vienen multiplicando en Rumania. Han estado buscando por toda Europa un lugar que les acogiera para poder desarrollar su vida normalmente como cualquier otro ciudadano; pero el acuerdo de Schengen les condena a ser huérfanos errantes impidiéndoles permanecer más de tres meses en los países adscritos a dicho acuerdo. Un grupo de ciudadanos pertencientes a diferentes asociaciones decidimos visitar este asentamiento, situado en el antiguo matadero de Rivas, a raíz de alguna esporádica noticia aparecida en la prensa.

Quien visite el asentamiento podrá comprobar con sus ojos las condiciones infrahumanas en las que viven: niños descalzos y desnudos juguetean entre basuras y escombros; muchos de ellos padecen neumonías y bronquitis; no tienen agua ni luz. Se refugian de la noche hacinados en pequeñas chabolas de cartón y contrachapado.

Llegaron llenos de ilusión, hablando de España como "un país libre sin racismo". Pero su situación a nadie ha preocupado desde su llegada. La indiferencia es lo único que han recibido de nuestro país. Una indiferencia que se vio alterada sólo cuando el pasado 14 de octubre se produjo una pelea en el asentamiento; la respuesta fue casi inmediata: siete furgones de la Guardia Civil -con su helicóptero incluido-,un juez y un espontáneo que decía ser concejal del Ayuntamiento de Rivas (cargo que no existe). Todo ello durante los cinco primeros minutos tras el inicio de la pelea. Dos días después, una batalla política de carteles entre PP y PSOE. Las últimas noticias de la prensa anuncian la intervención de la Delegación del Gobierno para expulsarles.

Se habla de responsabilidades y sólo se menciona una posible mala gestión de un responsable de Urbanismo... La verdadera responsabilidad, sin embargo, hay que buscarla en por qué han estado durante más de dos meses en esta situación infrahumana; el verdadero ejercicio de la responsabilidad no consiste en expulsarlos de nuestro país sin más, sino en analizar y remediar la razón por la que han estado todo ese tiempo sin lo más esencial.

Ésta es la verdadera pregunta: ¿dónde irán?, ¿qué pasará con Adelaida, María, Italiano, Aris, Isaura..., con estos niños que en ningún país pueden ir al colegio?, ¿dónde dormirán en diciembre y en enero? Pedimos solidaridad. Cuando hace cuatro años los nombres de Ceaucescu, Petre Roman o Illiescu aparecían en todos los medios y cuando conocimos las matanzas perpetradas contra la población, campos de exterminio, fosas comunes... éramos más comprensivos con los rumanos. Hoy nos asusta verlos desnudos- Tísear Espigares Pinilla Esther García-Salamanca San Juan y Miguel Ángel Merino Moreno. .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de noviembre de 1995