Los dos acusados por el 'crimen del Almendro' se contradicen en el juicio
El juicio por el crimen del Almendro (un matrimonio paseaba tranquilamente la madrugada del 19 de febrero de 1994 por la céntrica calle del Almendro y fue asaltado por dos hombres, que patearon brutalmente al marido tras arrebatarle a ella el bolso) se inició ayer en la Audiencia de Madrid. Los dos acusados por este homicidio ofrecieron versiones extrañas y contradictorias. La víctima, de 60 años, tenía una dolencia cardiaca y falleció tras el asalto.
Sólo uno de ellos, Mounir el Kadraoui, de 28 años, admitió ante el tribunal haber dado un tirón del bolso de la esposa de la, víctima, Dionisia Lobo, de 58 años. Pero negó la agresión. "Cogí el bolso y salí corriendo", dijo. El Kadraoui aseguró que cometió el robo en compañía de Amín Bennour, de 21 años, el otro acusado. Amín, sin embargo, negó su implicación en el suceso. Su coartada era que en ese momento (cerca de la una de Ja madrugada) estaba robando a una súbdita británica en un lugar distinto. La policía halló en manos de Amín una sortija pequeña de oro que estaba en el bolso sustraído a Dionisia. Amín dice que se la compro a un yonqui.
El fiscal, que pide para cada acusado 10 años de cárcel, sostiene en su escrito provisional que en el robo y apaleamiento del marido -Carlos Velasco, de 60 años- participaron los dos.
Los forenses precisaron qué en la muerte de Carlos Velasco influyeron tanto las lesiones originadas por el asalto como sus dolencias coronarías. Indicaron que Velasco, horas antes de la agresión (le rompieron varias costillas, entre otras heridas), había sufrido un infarto del que no se percató. Indicaron los peritos que es posible sufrir un infarto sin que la víctima se aperciba de ello. Su viuda aseguró al tribunal, entre lágrimas, que su esposo era un hombre sano y se mostró extrañada de lo que decían los forenses sobre la salud de su marido. La mujer relató así lo ocurrido: "Íbamos mi marido y yo agarrados por la calle del Almendro. Oímos por detrás como un galopar de caballos. Se abalanzaron sobre nosotros y nos separaron bruscamente. El bolso me lo quitaron de forma fulminante. A mí me tiraron al suelo, y comenzaron a dar puñetazos y patadas a mi marido. Me incorporé y me dieron otro golpe. Caí al suelo. Se ensañaron con él. Actuaban como dos fieras. Uno salió corriendo, y el otro, cegado, siguió dándole golpes". Dionisia, que no pudo verles la cara,' se preguntó ayer ante el tribunal,llorando y con rabia: "Si ya tenían el bolso, ¿por qué seguían pegándole?". Los acusados escucharon el relato sin levantar la. cabeza. El juicio se reanudará el lunes.
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