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Entrevista:

"No voy a regresar nunca"

Adolfo Suárez, de 63 años, ha roto su silencio sobre la transición. En las últimas semanas había asistido, con rebeldía contenida, al menoscabo de esa etapa -culpada de ser origen de algunos males de hoy- y de su propia labor, de dirección y ejecución de las reformas, en aquel periodo trascendental. En esta entrevista, concedida el pasado. martes a la corresponsal de The New York Times Marlise Simons, Suárez valora todos los méritos, y los méritos de todos, que hicieron de aquellos anos una de las épocas más fecundas de la vida política española. En 1995, Adolfo Suárez echa de menos el uso que entonces se hizo del diálogo para superar las confrontaciones. "Vivimos excesos que no dejan que el país siga adelante. Y echa de menos también, entre Felipe González y José María Aznar, la cercanía que él mantuvo con el líder socialista para debatir en privado los problemas, con independencia de la pelea que mantenían en público. "Felipe ha sido un opositor muy duro. Sin embargo, nos veíamos. en secreto. Entre semana me denunciaba públicamente. Pero la semana después le recibía de nuevo. Felipe me ha tratado muy mal. Pero le tengo cariño". Hoy siente afecto por ambos, pero ellos no se soportan entre sí. Existe una incompatibilidad, casi física, entre el presidente del Gobierno y el líder del primer partido de la oposición", relata. Una observación que constata un hecho, y revela otro: que ha actuado de mediador entre ellos, porque es imprescindible un cierto entendimiento entre los dos principales líderes políticos para resolver los problemas de España. Suárez se ve a sí mismo como un político de raza, como un hombre al que le apasiona la política. "Diría incluso que no sé hacer otra cosa". Aunque nunca volverá. Profesionalmente, asesora sobre asuntos relacionados con el extranjero. Pero en su vida privada, asegura, sólo hay una dedicación: seguir luchando para que su mujer y una de sus hijas le ganen la batalla al cáncer.

Adolfo Suárez fue presidente del Gobierno y líder de Unión de Centro Democrático entre 1976 y 1981. La entrevista se desarrolló el martes pasado en su despacho de la calle de Antonio Maura, en Madrid, al que acude habitualmente.Pregunta. Usted ha desempeñado un papel importante en la historia moderna de España. Pero ahora no se sabe mucho de usted. ¿Qué hace actualmente?

Respuesta. Intercambio ideas, pero en privado. España ahora tiene una vida política muy enredada. Yo dejé la política- y no voy a regresar a ella. Nunca. Aunque sea difícil. Yo soy un político de raza. Es lo que más m e gusta. Diría incluso que no sé hacer otras cosas. Todos los textos que usted ve aquí [señala documentos y libros en la mesa de reuniones], son textos políticos. He pasado 42 de mis 63 años en política. Pero ahora estoy totalmente fuera. Sólo vengo a este despacho.

P. Y aquí, ¿a qué se dedica?

R. A asesoramiento en temas relacionados sólo con el extranjero o extranjeros.

P. ¿Quiere decir que usted asesora a compañías extranjeras como abogado?

R. Sí. Soy abogado.

P. Usted, que ha vivido tan de cerca los momentos clave de la transición política de España, de la dictadura a la democracia, ¿por qué no ha escrito sus memorias?

R. He escrito mucho. Pero no sé si se va a publicar. En mi opinión, tiene que transcurrir más tiempo. Tengo que esperar.

P. ¿Esto implica que sus escritos contienen revelaciones delicadas o controvertidas?

R. Podrían introducir factores de distorsión en la política actual. No quiero decir más sobre esto. En un sistema democrático,siempre es mejor buscar el consenso, no la división. Ahora, en España, menos un exceso de confrontaciones que empeoran la situación política. Se está radicalizando mucho la vida política. Hay mucho abuso verbal. Se vive en un clima de gran confrontación. Necesitamos volver al diálogo.

P. En su opinión, ¿qué ha causado esta confrontación y este abuso verbal?

R. Hay varias causas. El terrorismo de ETA. Los casos y los. incidentes que ahora están sujetos a investigación judicial y parlamentaria. La incompatibilidad, diría casi física, entre el presidente del Gobierno, Felipe González, y el líder del primer partido de la oposición, José María Aznar. No se soportan. Desconfían el uno del otro.Tienen reacciones muy fuertes uno contra el otro. Yo conozco a los dos. Los veo. Tengo, afecto por ambos. Pero ellos no se soportan entre sí. Cada uno dice que el otro no merece, crédito. Pero necesitamos relaciones mucho más fluidas entre los dos principales protagonistas políticos.

P. Mirando hacia atrás, ¿qué logros más importantes destacaría usted desde la muerte de Franco?

R. Desde luego, la transición a la democracia sin tener que pasar por una confrontación entre los españoles. El Rey quería ser el rey de todos los españoles. Lo logró. Y yo creo que hoy también él es el rey de todos. En la transición de la dictadura a la democracia, don Juan Carlos fue muy importante. Ganamos la libertad de expresión. Yo legalicé todos los partidos políticos. Se necesitaba un máximo nivel de comunicación para pasar por esa época. El proceso tuvo muchas dificultades. Hubo asesinatos y atentados. Y, sin embargo, logramos crear una situación impensable unos años antes. Creo que fue sobre todo un periodo de mucho sentido común. El sentido común de la gente hizo posible toda esta tarea. Ahora, nuestra democracia está afianzada. Pero insisto en que tenemos un exceso de confrontación. La diferencia de opiniones y el debate son una parte importante del sistema democrático. Pero vivimos excesos que no dejan que el país siga adelante.

P. ¿Qué diferencias hay entre la filosofía de su propio Gobierno, un Gobierno conservador, y la filosofía y los planes del partido conservador de José María Aznar, el PP, que puede ganar las próximas elecciones?

R. La situación es muy diferente. Yo tenía que gobernar para todos. Tenía que llevar una acción en la que todas las tendencias políticas se sintieran cómodas. Había que elaborar una nueva Constitución, configurar un nuevo sistema político. Hoy, el trabajo del Gobierno no es sobre la configuración del Estado. Vemos confrontaciones muy diferentes: sobre la política económica, la política exterior, casos de corrupción... Hoy necesitamos elecciones para resolver la confrontación y la tensión. Felipe, en aquellos años, estaba también pidiendo siempre elecciones. Era parte del juego. Ahora, él también debe convocar elecciones. Se celebrarán en marzo. Esto debe resolver la si tuación que España vive ahora. Lamentablemente, casi todo el debate político está concentrado en los casos de corrupción. Pero de ellos debería ocuparse el sistema judicial. La vida política debería continuar, permitir que el país siga adelante. España no debe despertarse cada día encontrando en la prensa un nuevo escándalo que contiene por lo menos una parte de verdad.

P. ¿Por qué todavía no se ha fijado una fecha precisa para las elecciones generales?

R. Todavía hay tiempo para convocarlas en marzo. [La ley electoral establece un plazo único de 54 días desde la disolución de las Cámaras hasta el día de la votación]. Creo que también el Gobierno ha querido concentrarse en la presidencia de la Unión Europea, que actualmente ocupa. No ha querido desviar energías ni fijar la atención en la campaña política.

P. ¿Cuáles son los logros de los últimos 12 años, del trabajo de Felipe González?

R. Su política exterior. Su trabajo para dirigir el ingreso de España en la Comunidad Europea. La modernización de España, la consolidación de las autonomías. Se ha hecho una economía moderna y el nivel de vida ha mejorado. Ha hechi el referéndum sobre España y la OTAN.

En mi Gobierno, yo estaba en contra del ingreso en la Alianza Atlántica.

P. ¿Por qué?

R. Porque el 90% de la oposición estaba en contra, incluidos los socialistas. Nosotros necesitábamos hacer una nueva Constitución y consolidarnos internamente. Introducir la propuesta de votar sobre la OTAN sería un factor de división Muy fuerte. Felipe, en cambio, dispuso de mayoría absoluta hasta 1993. Yo siempre gobernaba en minoría. Felipe ha hecho una gran labor de gobierno, aunque ha cometido errores.

P. ¿Y cuáles son los principales errores?

R. Tenemos un déficit público muy fuerte. Un clima político muy enredado. Pero no quiero insistir en esos aspectos y abrir aún más las heridas. La solución para disolver la crisis y la tensión son las elecciones. Insisto en que necesitamos una vida política más fluida en la que los opositores se hablen, y no que con cada cosa se ofendan profundamente. Felipe fue un opositor muy duro. Sin embargo, nos veíamos en secreto. U recibía cada semana y le contaba lo que iba a hacer. Entre semana me criticaba y me denunciaba públicamente. Pero yo la semana siguiente le recibía de nuevo. Él tenía muy poca experiencia, pero mucho gancho con la gente. Tenía mucho que aprender. Le dije: "Algún día me vas a suceder". Así que nos encontrábamos cada semana y hablábamos. Felipe me ha tratado muy mal. Pero le tengo cariño.

P. ¿Ha habido otros periodos con tantos escándalos y casos de corrupción como ahora?

R. De este tipo de problemas, sí; pero no de casos con tanta repercusión sobre la vida política. Pero también es cierto que no ha habido otra época en que la gente pudiera expresar su opinión tan abiertamente, tan libremente. Nuestra historia ha sido muy convulsa.

P. Empresarios españoles y extranjeros se quejan de la inestabilidad política de los últimos años. ¿Está usted de acuerdo con esta apreciación?

R. No. Los hombres de negocios quieren una paz idílica, que no existe en ninguna parte. Ni siquiera en Estados Unidos, que tiene el más libre ambiente para los negocios. Este Gobierno ha tenido relaciones mucho más favorables con el sector privado que el mío. Yo he tenido más divergencias con ellos que Felipe. El Partido Socialista no ha realizado una política económica socialista. Ha sido más bien liberal. Digamos liberal progresista, para que no se enfade Felipe. Pero la situación política es ahora delicada. Hay incertidumbres. Las confrontaciones políticas no deben influir tanto en la vida nacional como ahora.

P. ¿Cómo ve usted el papel y la fuerza de la extrema derecha en España? ¿Puede cobrar influencia con Aznar?

R. Es cierto que en Europa ha habido un rebrote de la ultraderecha xenófoba. Es un problema serio. Se necesita más solidaridad con los que son pobres y más débiles. Creo que los derechos humanos son practicados muy poco, incluso en los países más ricos. La política de fronteras duras es imposible. La ayuda económica es mucho mejor solución que el cierre de fronteras.

P. Pero volvamos a la extrema derecha y su papel en un futuro Gobierno de Aznar.

R. Aznar y su partido son de centro-derecha. La extrema derecha no está allí; la ultraderecha se identifica sólo consigo misma.

P. En los últimos meses, la prensa y la televisión han difundido en España muchas retrospectivas sobre la muerte de Franco y la transición. Pero la única voz que no se ha oído, o casi no, ha sido la suya. ¿Por qué no ha querido hablar usted?

R. Yo he hecho mi trabajo. Ahora me dedico a mi familia. Tengo a mí mujer y a una de mis hijas enfermas de cáncer. A mi hija le dieron tres meses de vida. Eso fue hace tres años y seguimos luchando. Yo tengo deudas que cumplir con mi familia por tantos años que he dedicado a la política. Mi salida del Gobierno fue muy dolorosa para ellos. Mis aliados políticos me acusaron de ser demasiado izquierdista. Ahora hablo de política, pero en privado. Y sólo cuando otros me llaman para pedir mi opinión. Yo no llamo a nadie.

P. ¿Pero no le parece oportuno ahora hablar en público de la transición a la democracia, aquella época tan importante de España?

R. Soy consciente de que yo estaba presente en un momento histórico importante. Pero no quiero hablar. Como le digo, tengo graves problemas en mi familia y tengo una deuda con ellos. Además, todo lo que digo es usado y distorsionado. Cada vez que digo algo se anuncia que voy a regresar a la política. Que voy a volver a fundar un partido político. Pero no voy a volver. Nunca.

Copyright The New York Times.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de noviembre de 1995

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