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La eternidad de lo provisional

Las farolas que jalonan la fachada del nuevo edificio del Congreso son de palo. Las pusieron durante la construcción del inmueble, y con tales obras congeniaban en su provisionalidad. El edificio quedó casi terminado a finales de 1993, y los diputados ocuparon entonces sus nuevos despachos. Pero allí siguieron las farolas de palo. Incluso presenciaron la llegada del Rey el 6 de diciembre de 1994, cuando declaró inaugurado el anejo del Congreso con toda solemnidad. Y todavía un año después allí continúan, esperando pacientemente que los servicios de alumbrado envíen un relevo más decoroso. Tal vez con la nueva legislatura.

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