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TRIBUNA

Marcha lenta

En el circuito de Montjuic hemos hecho unos cuantos kilómetros a marcha lenta, puede que a la gente, a los aficionados, no le gustara nuestra actitud, pero debería comprender que el trazado era muy, muy peligroso. Había, sobre todo, tramos muy complicados, de ida y vuelta por la misma carretera, los dos entidos separados simplemente por una línea de conos. A los corredores tampoco nos agradó mucho lo de ir despacio, pero después de dar unas vueltas avivando motores, la carrera se calentó. Lo de dar unas vueltas despacito fue una voz común, una decisión colectiva que se corrió por el pelotón. Y aun así hemos hecho más de 38 de media, lo que no está nada mal. Creo que con esa medida hemos, ante todo, evitado el peligro. Al principio es cuando más posibilidad de caídas había; la gente estaba entera y, en esas condiciones, se arriesga normalmente más de lo normal.El circuito era bastante selectivo. Eso se vio enseguida, cuando se avivó el ritmo; entonces cada uno iba en su sitio: espontáneamente se formaron varios cortes por detrás, cada uno formado por grupos de corredores que empearon a perder bastante tiempo. Era lo esperado, pero, sin embargo, me ha sorprendido es que ha habido menos abandonos de los que todos preveíamos. Poca gente se ha visto tentada por la cercanía del aeropuerto, aunque se han marchado Zabel y Minali, el segundo seguro porque ya ha ganado bastante.

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Hubo bastantes ataques. En uno nos metimos Marino Alonso y, en fin, yo mismo. De todas formas nos dimos cuenta de que no íbamos a ningún sitio. El ONCE quería controlar, y de hecho lo hizo, con la idea, creo, de que Mauri ganara la etapa. Al final se la llevaron, pero por medio de Jalabert.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de septiembre de 1995