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VUELTA 95

Jalabert, el inevitable

El corredor francés suma su cuarto triunfo de etapa con la victoria en Barcelona

Los enemigos ya no existen. Laurent Jalabert corre otra catrera. Un pelotón se arrastra y suda, sufre en los repechos, saca fuerzas de donde no tiene, intenta mantener el tipo bajo el sol abrasador, ultima las estrategias para intentar el imposible. El pelotón es humano. Jalabert parece que no suda. Cuando los demás se doblan sobre los 14 dientes él va con la cabeza levantada, como silbando de paseo o contemplando el paisaje. Algunos dicen que es insultante su superioridad. El sonríe y arranca. Levanta los brazos y gana. Cada día, unos segundos más.Barcelona era una cita sefialada. La sala de prensa se pobló de periodistas extranjeros. El atractivo del circuito era innegable. 14 kilómetros subiendo y bajando por la colina olímpica de Montjuic. Ni una recta de 100 metros. Ni un espacio, ni siquiera las bajadas, para la recuperación. Virenque y Ugrumov, por ejemplo, se dejaron ver, conscientes del impacto mediático de la etapa. No han hecho nada en toda la Vuelta y querían mostrar su clase, aunque fugazmente, precisamente en el momento en que su iniciativa no podía tener carácter desequilibrante. Contaban, pero no acababan de creérselo, con el inevitable Jalabert, que también había apuntado la cita en su cuaderno de notas.

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La carrera fue un puro ejercicio de control, aunque el penoso estado que se adivinaba en la cara de la mayoría de los corredores, diseminados en grupos inconexos, diera a entender lo contrario. El ONCE lo tenía claro. Cada uno de sus corredores, incluido ayer Zülle, que comenzó a hacer tareas de equipo visiblemente, sabía lo que tenía que hacer y lo que se jugaba. Y como si fuera una carrera de un día, se jugaron las cartas. En la última Vuelta quemaron sus fuerzas Gianetti y Ugrumov, que dieron el pistoletazo de salida para la desbandada. Después, un grupo de notables, los que están entre los 10 primeros de la general. Finalmente, el ONCE en acción. La historia de todos los días. Salto de Jalabert y Olano a por él. Reintegro y salto de Mauri, más Olano. De nuevo Jalabert, que frena a los revoltosos; Montoya que aparece hasta que Jalabert se pone serio, baja un piñón y explosiona. Brazos en alto. Los demás, arrastrándose.

La etapa no fue feliz del todo para el ONCE. Mientras Jalabert volaba hacia el triunfo de etapa, Mauri y Bruyneel hostigaron a Olano sin conseguirlo. Si no estuviera Jalabert, Olano sería un buen ganador de Vuelta. Pero Jalabert esta Vuelta es inevitable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de septiembre de 1995