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Entrevista:

"No hago canción protesta"

Dejó la carrera de Filología Inglesa, con siete asignaturas pendientes, para bajar al metro a cantar sus canciones. En pocos meses se fue haciendo conocido y al cabo del tiempo le llegó la oferta de grabar un disco. Desde entonces lo situaron al frente de un movimiento de nuevos cantautores, que a él no le agrada mucho, y sus canciones se convirtieron en una especie de himnos juveniles. La edad del porvenir o Uno, dos, tres, cuatro, son temas que se han escuchado este año por todos los rincones de España. Javier Álvarez ha llenado los teatros y recintos donde ha actuado a lo largo del verano, pero, en cuanto puede, vuelve al Retiro a tocar con sus viejos colegas.Pregunta. ¿Cuál es la relación entre música y literatura en sus canciones?

Respuesta. Mis canciones son muy espontáneas, cuando las escribo no pienso en nada concreto. Me salen así. No soy muy consciente de lo que hay de literario en mis canciones. Tengo más claras las referencias musicales o de cine en mis temas que las de la literatura.

P. Lo decía porque sus canciones son como pequeños relatos.

R. Hay veces que me dejo llevar por una historia hasta que se va fraguando. Para Amor en vena, por ejemplo, empecé escribiendo un verso: "Esta víctima llegó con su más linda diadema", y ya no sabía qué iba a pasar con ella. Terminó siendo una yonqui que muere. Ese verso me llevó a desarrollar una historia que no sospechaba.

P. Se le ha tonsiderado desde un principio como parte de un movimiento de nuevos cantautores. ¿Cómo se siente en esa clasificación?

R. Me alegro de la pregunta, porque se da por hecho que yo soy un cantautor de la nueva hornada. Yo lo respeto, porque es humano clasificar lo desconocido. Pero me parece un poco mediocre. El cantautor es el que canta y escribe, y según eso lo son desde Bob Dylan a Suzanne Vega, pasando por Caetano Veloso, Michael Jackson, Prince, Abba, Fleetwood Mac, y muchos otros. Yo he escuchado mucho pop en inglés desde que era pequeño. Cuando dicen cantautores aquí se refieren a una trova de cantautores en castellano, un molde, un patrón establecido. Me fascina la música de Serrat, Silvio Rodríguez o Pablo Milanés, pero creo que lo mío tiene mucho menos que ver con ellos que con la canción en inglés tipo James Taylor o Tracy Chapman, sin querer compararme con ellos, claro. Me identifico más con ellos, incluso en las letras, porque yo soy prácticamente bilingüe.

P. Los cantautores, en el estricto sentido, también surgieron como una voz política.

R. Hay mucha gente que hace esas reivindicaciones políticas, y que hacen eso de trovar. Cualquier artista que hace algo y lo hace con profundidad, reivindicando o quej ándose de una situación, es valido. Pero a mí no me gusta nada que me incluyan en la canción protesta. Mi disco refleja, evidentemente, una inquietud mía, rechazo a algunas cosas, un cabreo muy gordo, o alegría, que también la tengo. Pero quiero ser un cantautor lo más amplio que me de el cuerpo. Me fastidia que me corten alas: "Hace canción protesta". Abba y Fleetwood Mac también son importantes para mí.

P. Hay quienes dicen que los cantautores de hoy han perdido la fuerza de la denuncia y se dedican sólo a hablar de minucias cotidianas. ¿No le gusta que sus canciones reflejen los conflictos del presente?

R. Uno, dos, tres, cuatro, el último single, es una canción en la que precisamente hablo del presente. También lo es La edad del porvenir. La primera es sobre algo que estamos viviendo en este país, es una canción absolutamente política en la que declaro un cabreo muy profundo. Digo, por ejemplo, que no me apetece besar una bandera que no he elegido. Pero no iré nunca de panfletarío ni de reivindicativo, al margen de mis canciones.

P. Cantar en la calle y enfrentarse al público cara a cara, ¿no fue difícil? Otros músicos esperan en sus casas a conseguir tocar en algún local.

R. No es algo que se suele hacer, pero yo me alegro muchísimo de haber empezado así. No puedes imaginar el bagaje que me ha dado. No sé qué es más difícil, si un escenario grande o cantar para 10 personas en la calle o en el metro, con la presión de que van a venir los seguratas y te van a echar....

P. ¿Y cómo se portaba la gente con usted en el parque?

R. Aprendes a distinguir el ruido de las monedas. Cuando es más o menos sólida, dices "qué bien, 20 duros o 500 pelas". En épocas buenas ha habido fines de semana en que en un par de días nos hemos sacado 40.000 pesetas.

P. Si se acabara su carrera, ¿volvería a tocar en el metro y el Retiro?

R. Por supuesto. Y si no lo puedo hacer en el Retiro, porque hay gente que ya me conoce y me pide autógrafos, y eso te corta un poco el rollo, me buscaré otras historias. El bareto de algún amigo o cualquier cosa así. A mí me apasiona tocar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de septiembre de 1995

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