Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Garzón

Al parecer, la cuestión fundamental es saber si la investigación de Garzón ha sido o no constitucional; y si ha sido constitucional, si la ha hecho sólo por obligación o por obligación y placer; y si ha habido placer, si se ha debido a un afán de desquite por burladas pretensiones políticas o por simple narcicismo coincidente con el espíritu egocéntrico de las generaciones X, Y y Z. Que las declaraciones de Sancristóbal y compañía demuestren que ha habido terrorismo de Estado y que ese contraterrorismo terrorista de Estado haya sido un excelente negocio para algunos de sus practicantes, al parecer son cuestiones menores. Lo importante es el papel de Garzón y sus disposiciones subjetivas, no que haya habido checas en las cloacas del Estado democrático consentidas a más alto nivel que el de Sancristóbal, porque a nadie, ni siquiera a Sancristóbal, se le ocurre establecerse por su cuenta en un negocio de contraterrorismo terrorista de Estado sin el permiso de sus superiores.Convertir el caso GAL en el caso Garzón parece ser la única posibilidad de evitar la pesadilla de aceptar que entre los sueños de nuestra generación cabía el del chequismo y los "hábiles interrogatorios" con desaparecidos incluidos y posteriormente desenterrados de la cal viva. ¿Tan difícil es remontar esta pesadilla de los "pactos del capó" y a una filosofia de la guerra sucia a la que no fueron impermeables aquellos aprendices de estadistas? ¿Hay que lamentar sólo que Garzón esté ahí o que lo del GAL fuera una chapuza, tesis de Duran Lleida que sin duda considera el nivel europeo de las guerras sucias muy superior al español? ¿Qué se ha hecho del sueño de una izquierda inocente, cerrada a la fatalidad de que las manos del poder han de ser necesariamente sucias?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de agosto de 1995