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NECRÓLOGICAS

Francisco Vega Díaz, cardiólogo

En los primeros días de agosto murió súbitamente en Madrid Francisco Vega Díaz, Paco Vega para los amigos, médico eminente y frecuente articulista de EL PAÍS.Colaborador y heredero de Marañón y Jiménez Díaz, las más altas cimas de la medicina interna en la España del siglo XX, Vega Díaz fue durante no pocos años la primera figura de la cardiología española, y como cardiólogo gozó de muy alto prestigio internacional. Entre sus numerosos trabajos científicos, baste recordar, por su valía y su originalidad, el libro titulado El hombre y su corazón (1973). En él estudia al enfermo de corazón no como organismo cuyo corazón está enfermo, sino como persona cuya vida ha sido afectada por una dolencia cardiaca. Más brevemente: no como cardiópata, sino como cardióforo, como hombre cuya víscera cardiaca padece una alteración patológica.

Con ello contribuía de manera personal al desarrollo de la concepción antropológica o biográfica de la medicina que ha surgido en nuestro siglo, y también -me atrevo a decirlo así- daba realidad médica a la condición cardiofórica de su propia persona, porque cardióforo, hombre que tiene corazón y lo manifiesta siendo Fiel a sus dictados, fue Paco Vega. Una dolencia crónica, tantos días dolorosa, casi sin interrupción le ha retenido en su domicilio durante los últimos años y en él ha regalado su tiempo, su saber y sus recuerdos médicos y no médicos a cuantos a él se acercaban. Condición ésta que ha tenido expresión literaria en la breve pero muy estimable obra poética que ha dejado.

Tan desde y hacia su corazón vivía Paco Vega, que dedicó muy buena parte de su vida y su dinero a formar la fabulosa colección iconográfica del corazón -poquísimas hay en el mundo equiparables a ella- que engalana paredes y vitrinas de su casa. Un gran médico y una gran persona ha perdido España con su muerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de agosto de 1995