Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Otra vez el calvario tinerfeño

El Madrid, sin fuerzas ni ideas, abrumado por la presión del equipo de Heynckes

Tenerife sigue siendo el Calvario para el Madrid, aunque se trate de una supuesta pachanga veraniega. Anoche jugó su primer partido serio de la pretemporada y fue goleado con estrépito. El conjunto de Valdano, sin apenas descanso después de llegar de la concentración de Suiza, fue un pelele ante un rival que le presionó muy bien y se le adelantó en casi todos los momentos a sus pocas fuerzas e ideas.Quizá sea mucho decir que a los jugadores madridistas les están afectando los conflictos económicos del club y todo resida en que el equipo se encuentra en un principio absoluto de rodaje. Pero la realidad de anoche fue comprobar que al Madrid apenas se le vieron ganas. Dejó muchas cosas en la capital, desde Ángel Cappa, a Michel, Hierro, Laudrup, Amavisca ... y dio la sensación de que no estaba en el campo Sólo dos ocasiones de gol falla das por Quique y cuatro goles encajados -incluso Latorre falló un quinto clamoroso y Pizzi taconeó al poste- parecen un bagaje demasiado negativo aunque se trate de un entrenamiento. El Madrid que ha tratado Valdano de levantar en prestigio y dignidad sobre los campos no puede llevarse un 4-0 ni en verano ni en un lugar donde las heridas ya estaban cicatrizadas tras haberse sacado la espina de dos Ligas.

Porque los Madrid-Tenerife solían ser algo más que un partido hace unos años y atraían la atención de las masas. Pero eran partidos cumbre, en momentos clave, oficiales, con la Liga en juego. Ahora, dentro de la inflación de fútbol veraniego, los dos equipos también quieren convertir sus enfrentamientos en un clásico y puede ser hasta bonito si se hace medianamente bien. Pero está visto que una cosa son los momentos cumbre y otra las pachangas cuando manda el dinero y no las fuerzas físicas de los protagonistas.

Anoche, en el Heliodoro Rodríguez, incluso el escenario no acompañó. Con un fondo en obras como si hubiese sido bombardeado por los serbios o los croatas, el resto del campo, tres cuartas partes, estaba abarrotado de un público ávido de ver siempre a un rival como el Madrid en la presentación de su equipo. Y se fue contento, porque no sólo ganaron los suyos, sino que golearon y les hicieron vibrar. Pero según iban llegando los tantos y cuando terminó el partido, muchos de los espectadores se frotaban los ojos y no se lo podían creer. Al levantarse de sus asientos se tenían obligatoriamente que preguntar: "¿El Madrid ha jugado hoy aquí?". No, realmente no jugó. Ni supo, ni pudo. No le dejaron.

El conjunto que entrena esta temporada Jupp Heynckes ha aprendido rápidamente la lección de trabajo presionante del técnico alemán y con ella machacó a un Real Madrid que era fácil presa. Estuvo perdido casi todo el partido y sólo dos pases adelantados a Quique que se quedó solo, pero no pudo salvar las salidas de Ojeda, compusieron su triste panorama. Valdano, con pleno en el banquillo de la cantera, sólo hizo el cambio de Álvaro por Sandro. ¿Para qué más, debió pensar? Jokanovic, el ex oviedista, se bastó para dominar el medio campo, donde Raúl se perdió, aunque menos que Sandro. Zamorano tiró dos veces ... y a las nubes. Alfonso amagó varias veces y se acabó regateando a sí mismo entre cinco contrarios. ¿No está ya en el Betis? La imagen madridista, siempre con un metro o dos menos que sus rivales, fue lamentable y para olvidar ante compromisos inmediatos como el Trofeo Euskadi ante la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao el próximo fin de semana, o los siguientes del Teresa Herrera y la Supercopa frente al Deportivo.

La entrada tardía de Alkorta al checo Hapal haciéndole penalti y provocando el segundo gol fue todo un símbolo. Hasta el más recalcitrante hincha canario debió pensar desde que se puso el 2-0 en el marcador: "El Madrid tiene que reaccionar. No puede ser..." Pero no, no lo hizo y se llevó dos goles más. Anoche llegó tarde a todo. No debió ir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de agosto de 1995