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La actriz Gracita Morales muere en el olvido

Intérprete de un centenar de comedias, su éxito de los años sesenta se había eclipsado

María de Gracia Morales, conocida como Gracita Morales y cuya voz atiplada y original vis cómica la convirtieron en la actriz más popular de los años sesenta, murió el domingo por la noche en Madrid a los 66 años. La causa fue una insuficiencla respiratoria horas después de ser ingresada en una clínica. Intérprete de películas como Atraco a las tres, Sor Citroén o Cómo está el servicio, Gracita Morales pertenecía "a la casta genial de actores atípicos que hacen las cosas de un modo radicalmente personal", según la recordó ayer el cineasta Pedro Almodóvar. A fínales de los años setenta, tras casi cien películas, dejó prácticamente de recibir ofertas, su salud se fue deteriorando y empezó a padecer fuertes depresiones.

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Una sobrina de la actriz dijo ayer que su tía lo pasó mal la última década de su vida, "drogada con pastillas", sola y abandonada. Su última aparición pública fue el pasado día 28 con motivo del fallecimiento de la directora de cine Ana Mariscal.Ya en 1980 la actriz fue sometida a tratamiento debido a una depresión causada porque en tres años no había recibido ninguna oferta de trabajo. Posteriormente volvería al teatro en dos obras de Alfonso Paso y en Cuéntalo tú, que tienes más gracia, de Juan José Alonso Millán.

Fue en la comedia de este autor Ya tenemos chica, que interpretó en 1991, donde la vio actuar por última vez el que fue su pareja artística, José Luis López Vázquez, que ayer lamentaba el ostracismo de los últimos tiempos para una actriz "cuya gracia nata y su espontaneidad se apoyaban en una gran eficacia fruto de la experiencia teatral".

"Tuvimos una relación buenísima", dice López Vázquez. "Hice con ella alrededor de 15 películas y una obra de teatro, Los palomos. Entre lo más destacado: Cómo esta el servicio, Atraco a las tres, Operación Mata Hari, Operación bikini y Operación secretaria. Tenía un gran sentido del humor, una vis cómica irrepetible y una fuerza en su momento grandiosa, que no sé como pudo deteriorarse hasta extremos de no trabajar. La vi por última vez en una comedia de Alonso Millán y luego hizo el año pasado en Antena 3 un capítulo de Los ladrones van a la oficina en el que intervenía yo. Aunque no coincidimos, me contaron que todo el mundo en la grabación la admiraba muchísimo".

Una casta genial

Para Pedro Almodóvar, director de cine, "Gracita Morales estaba por encima de las películas que hacía. La mayor parte de ellas, casi podríamos decir que el 80% de su cine, era, por las circunstancias de la época, abobinable, pero también fundamental para entender la España de los años 60 y 70".

"Era de la casta de los actores que más me interesan: los atípicos, los que hacían las cosas como no había que hacerlas, es decir, de un modo radicalmente personal", añade el realizador. "Una casta que va desde Buster Keaton, Totó y José Isbert y que llega hasta Gracita Morales, Luis Ciges, Rafaela Aparicio, Laly Soldevilla y Chus Lampreave, entre otros. Todos son, a mi juicio, unos genios naturales, instintivos. Hagan lo que hagan, interpreten lo que interpreten, siempre son ellos mismos y siempre, esto es lo genial, están espléndidos".

Nacida en Madrid el 9 de noviembre de 1928, Gracita Morales era hija del empresario del Teatro Calderón. Pese a que sus padres se oponían a que trabajase como actriz, y después de estudiar danza clásica, debutó a los 20 años como meritoria en la compañía de Luis Peña y Rosita Hernán. También formó parte del elenco de otras compañías, como las de Antonio Víco, Catalina Bárcena y Tina Gascó.

Uno de sus triunfos teatrales fue la obra de Miguel Mihura Maribel y la extraña familia, que repitió luego en el cine en la versión de 1960 dirigida por José María Forqué. Convertida en la estrella del cine cómico español, fue encasillada en personajes ingenuos pero firmes y voluntariosos, como las innumerables criadas respondonas que interpretó. Entre los títulos de su filmografía figuran Cómo casarse en siete días, La ciudad no es para mí, Mi marido y sus complejos y Prohibido enamorarse.

La actriz Verónica Forqué admiraba mucho el rasgo único de su talento. "Yo prefiero recordarla cuando era joven, en las películas que hizo con mi padre

[José María Forqué], con el que trabajó muchas veces", señala. "Tenía un talento muy especial, y ni ella se daba cuenta". Creo que el secreto estaba en su modo absurdo de ser, que viene muy bien en el humor porque se contagia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 1995