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Editorial:

Mafia y Kremlin

"EN LAS próximas elecciones la gente votará al primer hijo de perra que le asegure: yo restauro el orden, yo os protejo. Y como corderos asustados elegiremos al lcibo". Este augurio de un comentarista de la televisión rusa Ostankino es tan preocupante como probable. Lo formuló ante las cámaras un colega de Vladislav Listiev, un popular presentador de esta cadena muerto el jueves a tiros en Moscú. Ayer era enterrada esta nueva víctima del crimen organizado en Rusia. El sepelio se convirtió en un homenaje a quien gran parte de la población considera un mártir en la lucha contra el mayor enemigo que Rusia tiene hoy, las mafias.Los móviles del asesinato de Listiev siguen sin determinar. Existen indicios de que no fueran un ataque contra el incorruptible periodista y la libertad de expresión, sino un ajuste de cuentas en el sórdido mundo que se ha formado en torno al lucrativo negocio de la publicidad televisiva. Pero hoy más que nunca los rusos necesitan héroes para compensar la omnipresencia de los villanos. -

El crimen organizado en Rusia ha dejado hace tiempo de ser un fenómeno inevitable y nocivo, pero colateral al desarrollo de la economía de mercado, para convertirse en el principal enemigo del desarrollo de la sociedad rusa. Ya no se trata sólo de la sangre que se vierte en ajustes de cuentas, crímenes intimidatorios y guerras internas por el control de negocios legales lo ilegales. No es todo ello únicamente un problema de orden público. Es la gran amenaza contra la democracia. Algunas de estas redes ya actuaban en la URSS con la complicidad de miembros del aparato del Estado. Hoy, los campos clásicos de su actividad, como el cambio negro o la prostitución, son una fracción de sus operaciones, que abarcan casi toda la vida económica.

Ante su poder, la policía no sólo es impotente. Es también fácilmente infiltrable y corrompible. Esto en los casos en que las mafias no hayan surgido directamente de estructuras del Estado. Quienes se enfrentan a ellas, las denuncian o se niegan a pagar protecciones u otros servicios involuntarios viven bajo amenaza, mueren o ven destruido su patrimonio.

Los códigos morales y de conducta cívica del régimen soviético arrastraron en su caída todo respeto a la legalidad entre amplios sectores, especialmente de la juventud. El darwinismo social se ha implantado con brutalidad en esta sociedad confusa y desprotegida por la debilidad del Estado y el desprecio a las leyes.

Las mafias son una doble amenaza para la democracia. Infiltran y corrompen los poderes del Estado. Y aterrorizan a la población, que busca seguridad y orden en propuestas políticas autoritarias o abiertamente dictatoriales. Y es además evidente que quienes ofrecen orden a cambio de libertad o llanamente fascismo en Rusia tienen estrechas relaciones con estas mafias con cuyos delitos dicen querer acabar. El asalto al poder de la mafia rusa podría pasar así de las calles al Parlamento y al Kremlin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de marzo de 1995