Reportaje:

Ley seca en el corazón de Anatolia

El Partido de la Prosperidad impone prohibiciones islámicas en grandes municipios de Turquía

"Aquí teníamos antes decenas de cafés que servían alcohol, ahora sólo quedan tres, ¡je, je!". El bombero jubilado Ahmed Elagoz, de 62 años, cuida, con su barba blanca y su tocado anatolio, los baños de la mezquita central de Sincan, un reciente suburbio de Ankara donde viven 400.000 personas, una décima parte de la población total de la capital turca. Los atascos en la autopista recuerdan que de un momento a otro los almuédanos van a invitar a romper el ayuno del Ramadán. Más del 50% de los votantes de Sincan -funcionarios y empleados de clase baja que se compraron un piso por 1,5 millones de pesetas a más de 20 kilómetros de Ankara- respaldaron al candidato del islamista Refah Partisi (RP, Partido de la Prosperidad) a la alcaldía. Ahora, los tres bares permanecen cerrados durante el mes sagrado de ayuno y oración musulmán, en un país cuya bebida nacional es el raki, un anís lejanamente emparentado con el pastis.Cuando, el 27 de marzo de 1994, el RP obtuvo la victoria electoral en 15 grandes ayuntamientos turcos (Estambul Ankara incluidos) en más de 400 municipios del país, con apenas un 19% de los sufragios nacionales, los cimientos de la laica sociedad turca comenzaron a temblar. El vicepresidente del Partido de la Prosperidad, Oguzhan Asilturk, afirma desde su despacho del Meclis (Parlamento) que esta vez "el pueblo sí ha elegido el camino correcto", en irónica alusión al Partido de la Recta Vía, de la primera ministra Tansu Çiller.

Fundado en 1970, el Refah Partisi aborda, desde la plataforma del poder local, la conquista del Gobierno central. Resultados como los de la ciudad de Konya (medio millón de habitantes, a unos 260 kilómetros al sur de Ankara), con un 60% de los votos, respaldan el auge electoral de su partido, que contrasta con su escasa presencia en las secularizadas costas del Mediterráneo y el Egeo y llama la atención por la hegemonía en los ayuntamientos del sureste del país, de mayoría kurda. "No es cierto que haya autobuses separados para hombres y mujeres en Konya, lo que ocurre es que el Ayuntamiento respeta las creencias de aquellas musulmanas que prefieren viajar sin compañía masculina". Ésta es la línea argumental del número dos del RP: "Los creyentes están discriminados por la legislación oficial laica; nosotros garantizamos la protección de sus derechos".El jubílado Ahmed se queja de que el novato almuédano de la mezquita de Sincan atrae a pocos fieles: "El que había antes tenía mucha labia. pero se ha ido de misionero a Azerbaiyán". En su garita cuelga un cartel: "Toallas, 20.000 liras" (70 pesetas). Pero los escasos creyentes que a esa hora purifican su cuerpo antes de entrar a orar prefieren secarse al aire libre.

Aunque entre los turcos laicos de las grandes ciudades corre la especie de que el RP regalaba ollas exprés sin tapadera a los electores de pequeñas localidades, con la promesa de completar el obsequio si resultaba elegido su candidato a alcalde, lo cierto es que los islamistas turcos se han convertido en un formidable partido de asas con más de res millones de afiliados y unos 800.000 "militantes activos" que distribuyen comidas gratuitas entre los vecinos más pobres. Por ejemplo, el RP ha rebajado a la mitad el precio del pan en las tahonas municipales de Ankara (una vieja iniciativa de la izquierda turca). Además, los fondos donados por los emigrantes turcos en Alemania y, sobre todo, el flujo de capitales desde la península Arábiga garantizan la salud de las finanzas del RP.

El socialdemócrata Azimet Koyluoglu, secretario de Estado de Derechos Humanos en la coalición gubernamental, es uno de los millones de turcos que creen que los islamistas "tenían que demostrar que saben asumir responsabilidades de gobierno". Sin embargo, recalca que el 80% de los votantes no piensa como el Partido de la Prosperidad.

El RP llegó superar el 30% de la intención voto en sondeos electorales realizados el año pasado, según fuentes de la Dirección de Información y Prensa de Ankara, pero en la actualidad sus expectativas han caído a un 20%. "La culpa la tienen los medios de comunicación", alega Asilturk, dirigente del Partido de la Prosperidad ue sugirió derribar las murallas de Estambul "para sanear unas zonas donde se ocultan narcotraficantes y delincuentes".

Con el argumento de que también existen partidos confesionales cristianos en Alemania o en Italia, el vicepresidente del RP insiste en que su programa sólo defiende que los ciudadanos puedan vivir de acuerdo con sus sentimientos religiosos. "No vamos a reinstaurar la Sharia [ley islámica]; lea mis labios: mercado libre, eso es lo que defendemos". El partido islamista, no obstante, aborrece cualquier acercamiento a Europa. "No apoyamos el acuerdo aduanero con la Unión Europea. Turquía tiene que seguir siendo un puente entre culturas", proclama Asilturk.

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Si levantara la cabeza Mustafá Kemal Ataturk, el padre de la Turquía laica y republicana, se estremecería ante las críticas de los islamistas contra los más de 70 años de secularización de la sociedad turca. Pero en los últimos tres lustros se han construido más de 60.000 mezquitas en todo el país, como la que acaba de abrir sus puertas, con una capacidad para 25.000 fieles, en el centro de Ankara.

"Tras el golpe de Estado de 1980, los militares turcos recurrieron al islam como principal elemento de cohesión de un país roto por las luchas sociales", explican fuentes diplomáticas europeas en Ankara. "Así, impusieron el rezo obligatorio en las escuelas públicas y toleraron la actuación de las fundaciones y cofradías islámicas". De hecho, los dos principales partidos de la derecha turca, el de la Recta Vía (en el Gobierno) y el de la Madre Patria (en la oposición) sustentan su base electoral en sociedades islámicas que congregan a millones de adeptos.

El joyero Mustafá Kuyumcusu -traje verde pálido con chaleco y corbata floreada- también votó a los islamistas en Sincan. "Son buena gente; ahora mismo acaban de dar de comer a los ancianos pobres que han ayunado todo el día". Kuyumcusu es partidario de la entrada de Turquía en la Unión Europea, aunque también le gusta el estilo de Gobierno con "mano dura" de Sadam Husein.

El Partido de la Prosperidad, al hilo de la hipertrofia de las grandes ciudades, ha capitalizado el descontento popular. "Nosotros protegemos a las mujeres musulmanas que desean vivir según su estilo de vida y que, según la ley, no pueden trabajar como funcionarias si llevan un pañuelo en la cabeza", asegura Asilturk. Sin embargo, algunas de sus dirigentes se rebelan contra la imposición del "control de la virginidad" a las estudiantes. La presidenta de la comisión de la mujer del RP en Estambul, Leman Aksay, se indignaba, en unas recientes declaraciones al diario en lengua inglesa Turkish Dady News, porque el "control de castidad se aplica sólo a las chicas y no a los chicos".

Los orígenes ultranacionalistas del RP, heredero del partido Orden Nacional, siguen patentes. "¿Autonomía para el territorio kurdo? ¡Turquía, una!", exclama su vicepresidente, exhibiendo el dedo índice de su mano derecha.

Mientras tanto, la proliferación de escuelas coránicas y el éxito de las iman hatib (escuelas de predicadores), por encima de la demanda real de almuédanos, han contribuido a crear un semillero de dirigentes islamistas entre los cuadros de los ministerios de Educación e Interior turcos, aunque todavía no en el Ejército, que practica periódicas purgas de elementos musulmanes.

A sus 43 años, Erol Turunoglu, ex emigrante en Alemania, ex profesor, parece quitarle importancia a la ola islamizadora en Sincan. "Ahora hay que irse algo más lejos, pero si quiere le invito a una cerveza". Con añoranza hacia el anterior Ayuntamiento socialdemócrata, Turunoglu sigue vendiendo ropa vaquera cerca de la parada de los taxis colectivos. "No lo entiendo, vienen a comprar chicas con el chador y muchachos con túnica y turbante para ponerse los Levi's bajo sus ropas".

En Sincan, ya casi nadie dice "¡hola!" o "buenas tardes". Ahora es mas común saludar con la invocación a Dios: "Salam Malekum". No lejos de Sincan se montan las piezas de los aviones españoles CASA en Turquía, país miembro de la OTAN, eterno aspirante al club de la Unión Europea.

Sobre la firma

Juan Carlos Sanz

Es el corresponsal para el Magreb. Antes lo fue en Jerusalén durante siete años y, previamente, ejerció como jefe de Internacional. En 20 años como enviado de EL PAÍS ha cubierto conflictos en los Balcanes, Irak y Turquía, entre otros destinos. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y máster en Periodismo por la Autónoma de Madrid.

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