Llamazares y los taxistas
Esta es una contestación de réplica a las cartas publicadas en esta sección los días 16 y 19 de diciembre de 1994, escritas por J. Nogueira y A. Chicharro, respectivamente., He sufrido en mis propias carnes los monumentales atascos provocados voluntariamente por los taxistas madrileños, en solidaridad por los asesinatos de dos compañeros del gremio. Yo no soy una habitual usuaria del taxi y tengo razones suficientes (muy bien expresadas por Llamazares en su artículo del 27 de noviembre) para no serlo.Es verdad que Madrid es el manifestódromo nacional, pero también es verdad que ni los mineros del Bierzo, ni los futuros médicos, ni los trabajadores de Santana, ni nadie han cortado el tráfico y colapsado la ciudad como hicieron los taxistas.
El señor Llamazares, antes de generalizar, dedica un párrafo a disculparse con los taxistas "que hacen su trabajo honradamente", y creo que deja bastante claro lo que quiere decir (sin necesidad de que nadie le aclare las ideas) y sin necesidad también de que nadie le refresque la memoria (pues vive y escribe de ella).
Según S. Nogueira, EL PAÍS se dedica desde hace tiempo a una "campaña de desinformación y desprestigio contra el sector del taxi". También ocurre lo contrario. Ciertos taxistas han lucido durante alguna época pegatinas en sus ventanillas, invitando a no comprar este, diario. En los reportajes que hizo EL PAÍS, que yo recuerde contaban cosas reales y daban el número de licencia de cada taxista denunciado, para ser más exactos. De todos modos, se puede comprobar el buitreo de muchos taxistas (sin generalizar, por supuesto): dénse una vuelta por la estación Sur de Autobuses y verán cómo en la calle de Palos de la Frontera los taxistas interrumpen la entrada de los autobuses, causan atascos y van a ofrecerte sus servicios antes de que te hayas bajado del bus, y eso sin contar con que su parada oficial está a 50 metros, es decir, en la calle' Canarias.-
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