SEGUNDA DIVISIÓN B

El Mosca recurrió a la albañilería

Los madrileños tardaron 80 minutos en romper el muro lucense

JOSEBA ELOLA Ponerse mono de albañil y agarrar el pico es lo único que se puede hacer cuando uno se enfrenta a un muro. Ayer el Moscardó se entregó a la dura tarea de desmontar el tupido entramado de defensores del Lugo. Y sólo lo consiguió a 10 minutos del final, tras agotar, durante la segunda parte, un variado repertorio de modernas técnicas de albañilería.

Un muro se puede derribar a cabezazos: el Mosca lo intentó, pero en el juego aéreo la zaga, gallega supo defenderse con solvencia. Tardó 80 minutos en colocar un balón a dos metros de la línea de gol. Luna fue el afortunado encargado de hacer el primer y único boquete, algo que se antojaba casi imposible tras 80 minutos de albañilería.

El partido comenzó con un balón visitante de Murado que se estrellaba en el larguero de Rojas. A partir de entonces, desplegaron su esquema defensivo. "¿Por qué no sacáis el autobús al campo pa tapar del todo la portería?", les gritaba un indignado aficionado. La mayor virtud de los lucenses fue su capacidad para. contagiar al Mosca. El Lugo, un equipo más veterano y curtido en el cuerpo a cuerpo, fue llevando poco a poco el partido a su terreno de juego. A los 20 minutos, el Mosca entraba al trapo y caía en el juego duro, tosco y embarullado.

En la segunda parte, los madrileños se volvieron a poner el mono para intentar derribar la pared lucense. Parecía imposible, hasta que llegó Luna. Tras el gol, el Lugo se demostró incapaz de reconvertir a sus defensores en atacantes que tocan el balón y ven la jugada.

Las matemáticas y la lógica acabaron venciendo. El Moscardó creó más ocasiones de gol, demostró ser superior y acabó venciendo. Una jornada más, hace méritos para convertirse en candidato al ascenso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 18 de diciembre de 1994.

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