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El marqués de Valderas revive en su palacio

Alcorcón convierte en centro cultural dos castillos que edificó un capitán de Artillería

Cuando los castillos del marqués de Valderas presten servicios culturales a finales de año, alguno de los 140.000 vecinos de Alcorcón recordará las historias fantásticas que a ellos se atribuyen. Los dos edificios, una vez abandonados, sirvieron como plató para cintas de serie B. A finales de 1936 se alzó en cuartel general de primera línea de los insurrectos; antes había sido la residencia de un capitán, una suerte de mecenas del municipio.

Arreglar los dos edificios para instalaciones culturales ha costado casi 1.000 millones de pesetas. Se utilizarán como salas de exposiciones y para recepciones y actos protocolarios, según ex plica el alcalde socialista, Jesús Salvador Bedmar. Una plaza sin vegetación y un jardín los rodean. Antes había por allí charcas donde se bañaban los vecinos de San José de Valderas. Incluso hace cuatro años se descubrió allí una especie de rana que se creía extinguida. Cualquiera de las historias que se cuentan sobre los palacios tiene gancho. Faustino Moreno, cura e historiador de Alcorcón, las ha estudiado. A principio de este siglo, José Sanchiz de Quesada, capitán del regimiento de Artillería de Cuatro Vientos, se casó con Isabel Arróspide y Álvarez, tercera marquesa de Valderas. El marqués compró las fincas próximas a su destacamento. El alcalde socialista de Alcorcón, Jesús Salvador, apunta: "La leyenda dice que era megalómano, se llevaba mal con su mujer y quiso instalarse aquí".

El marqués encargó al arquitecto Luis. Sainz de los Terreros la construcción de los castillos, y en 1917 se abrió el palacio principal. A su lado se levantó otro y, en la trasera de ambos, un tercer edificio para alojamiento de la servidumbre.

Se ha dicho que los castillos servían de cobijo a las amantes del marqués. "También dicen que un hijo del marqués era afeminado y que en uno de los castillos apareció muerto un hombre. en extrañas circunstancias", añade el alcalde.

Desde su apertura hasta el comienzo de la guerra civil estuvieron habitados. Las fiestas en los castillos eran conocidas por toda la alta sociedad de la época. Los reyes; el dictador Primo de Rivera; el infante don Carlos, abuelo materno del rey Juan Carlos, y otros muchos cruzaron sus puertas.

Mecenas del fútbol

Tanto festejo fue una fuente de ingresos para el pueblo. "El marqués regalaba a todas las parejas que se casaban el armario de la alcoba, y los primeros equipos de fútbol los subvencionó él", explica Faustino Moreno. Cuentan que financió la instalación eléctrica del municipio y que cedió los terrenos para llevar el agua potable a Alcorcón. El Ayuntamiento le nombró en 1918 hijo adoptivo y alcalde honorario perpetuo.

De él dicen también que en invierno se revolcaba desnudo en la nieve.

Lo cierto es que el 4 de noviembre de 1936 se estableció en el castillo principal el cuartel general de primera línea de la zona nacional, con una emisora dirigida por Gregorio Marañón, hijo.

La heredera los vendió por 60 millones a la constructora Sanahuja en 1958. Abandonados (el edificio de la servidumbre desapareció por un incendio), fueron escenario de películas de terror de serie B y en ellos se rodó Pippermint Frappe, de Carlos Saura. Se convirtieron en colegio de monjas y de curas, en almacén de materiales, refugio de yonquis y desafío de alpinistas; hasta que el Ayuntamiento los recuperó.

Otra de las fábulas que arrastran los castillos es la de ser un centro de observación de ovnis.

Existen imágenes de platillos volantes sobre los palacios, tomadas a mediados de los años sesenta. Hace cuatro años, en una alerta ovni, millares de vecinos y ufólogos llegados de todo el mundo pasaron la noche en vela esperando alguna señal. "Yo", dice el alcalde, "estuve de incógnito en un coche, pero no aguanté. Y cuando pasó un helicóptero que iba a Cuatro Vientos, a la gente casi le da un pasmo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de agosto de 1994