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La arriesgada aventura del turista en Argelia

Una delegación oficial intenta convencer a las agencias de viajes españolas de que envíen turistas al país magrebí

Desde noviembre en su país han muerto asesinados 51 extranjeros por integristas islámicos -14 de ellos esta misma semana-, pero Jaled Graba es inasequible al desaliento. El secretario general del Ministerio de Turismo argelino ha viajado a Madrid al frente de una nutrida delegación de funcionarios y agentes de viajes de su país, incluido un tuareg con sus atuendos tradicionales, para... promocionar el turismo a Argelia. La semana pasada lo hizo en París y dentro de poco lo volverá a hacer en Roma.La temporada turística "en la costa está ya en marcha", recuerda de pasada Graba, omitiendo mencionar que la amenaza integrista ha vaciado muchas playas. Prefiere dedicarse al objetivo de su viaje: Atraer turismo al Gran Sur, al desierto "que desconoce el problema del terrorismo" y en el que la estación empieza en octubre. Por eso ha pedido al Ministerio de Asuntos Exteriores español que modifique la recomendación que hizo hace ocho meses a los ciudadanos españoles de que no viajen a Argelia y la circunscriba al norte del país.

En vano. El embajador español en Argel, Javier Giménez Ugarte, le prometió, cuenta, que España suavizaría sus consejos, pero en el Ministerio, en Madrid, se asegura que "no se puede hilar tan fino, y más cuando la violencia puede extenderse hacia el Sur". Ayer mismo, el ministro Javier Solana recordó en Onda Cero que seguía vigente.

Graba habla después de su deseo de mantener la corriente tradicional de viajeros españoles al Sáhara argelino -casi la cuarta parte de los 9.000 españoles que en 1993 visitaron Argelia-; de la creación de tres polos de desarrollo turístico -en Tamanrasset, Djanet y Timimun-, y de la apertura del sector al capital extranjero que reparte el decreto-ley que autoriza esas inversiones.

Sentados en la sala de reuniones de la Embajada de Argelia, sus interlocutores, representantes de una veintena de operadores turísticos, quieren más bien hablar de la seguridad de sus escasos clientes entre los que los últimos atentados han provocado una oleada de cancelaciones.

El Sáhara, repite hasta la saciedad Graba, "es inmune a esa perturbación coyuntural de la seguridad" que sufre el Norte, que no se intenta promocionar". "Aun así", prosigue, "las fuerzas del orden tomarán en el Sur todas las medidas para que los turistas puedan desplazarse con absoluta seguridad".

Camino de la aventura sahariana hay que hacer tránsito y, a veces, pernoctar en una Argel infestada de terroristas, pero Graba está orgulloso de anunciar que, a partir de octubre, la compañía Air Algérie inagurará vuelos directos de Madrid y Barcelona a Gardaia y Tamanrasset.

Jesús, de la agencia catalana Totmon, pone en tela de juicio que esos vuelos se mantengan, porque ya son tan pocos los turistas que allí van que difícilmente podrán ser rentables. Además, recuerda, en Gardaia, la ciudad-puerta del desierto, se han producido ya algunos incidentes. Y, por último, se pregunta: "¿Qué debo hacer con los grupos que tienen previsto viajar allí en agosto haciendo escala en Argel?

Graba duda, contesta que en Gardania "la seguridad está garantizada", insiste en que pronto habrá vuelos directos, pero, en lo concerniente a su grupo de agosto, no se quiere "comprometer" sobre lo qué debe hacer. Entona después el discurso tradicional de los responsables argelinos: "El terrorismo está fomentado desde el extranjero", y advierte, por último, que "si Argelia se hunde los países del norte del Mediterráneo resultarán duramente aféctados". Los agentes de viaje parecen convencidos. Brindan su ayuda, aportan ideas. Sugieren que se haga una campaña similar a la de las autoridades turcas para contrarrestar al terrorismo kurdo. El anfitrión recoge las ideas, pero Argelia no es Turquía y carece de medios para costear una ofensiva publicitaria de tal envergadura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de julio de 1994