Fantasía
Ahora que estoy haciendo las maletas para regresar a lo que queda de mi país, me deprime la idea de que voy a perderme a Luis Roldán entrando en uno de los grandes edificios de apartamentos del Upper West Side de Nueva York -tal vez tenga una suite reservada en el Dalcota- o tomando silenciosamente un dry martini en el Oaks Room del Plaza, o recorriendo las galerías de Madison Avenue, porque imagino que no será tan tonto como para no invertir en arte, la criatura.Esta fantasía que nos ha entrado a muchos españoles -sobre todo a los guardias civiles que no le ayudaron a darse a la fuga- de encontramos con Luis Candelas y capturarlo con nuestros propios medios -yo no salgo a la calle sin mi lazo de vaquero- se vuelve verdaderamente excitante cuando el escenario es Manhattan, ciudad que este hombre cabal debe de apreciar en lo que vale, ya que, además, tiene buen gusto: fijense en el abrigo que llevaba el menda en el acto de su relevo en el cargo. Buena tela, mejor corte, hombreras de triunfador. Parecía salido de Los intocables de Elliot Ness, aunque ni siquiera por el abrigo Felipe Ness se percató de que dentro estaba Capone.
Las fantasías son, de todas formas, peligrosas, porque llega un momento en que ves al tenebroso objeto del deseo en cualquier parte. Yo misma creí, anteanoche, que el ex benemérito se encontraba en la fiesta que Pedro Almodóvar dio en Broadway para celebrar el estreno de Kika. Vi relucir unos furruses y me dije, tate, es él. Y era lujo, pero no era él. Ayer por la mañana estuve a punto de fenecer del pasmo, cuando, mientras leía en Central Park, le vi cabalgar vestido como para la caza del zorro, qué tontería, porque el zorro era él.
Puede que cuando ustedes lean esto ya le hayan pillado, pero no se fíen: es posible que sólo se trate de un holograma. Hemos entrado de lleno, en la realidad virtual.
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