Cercanías, Móstoles
Vaya una noticia buena por tantas malas. Ocurrió el domingo 20 de marzo. Viajaba a Móstoles en el tren de cercanías y en la parada de Embajadores olvidé un sobre con documentación. Nada importante: una casete y unos impresos con un curso de inglés.Me apeé en Laguna y le expliqué al guarda -un joven con acento extremeño que en el andén daba la salida a los trenes- lo ocurrido. Sin vacilar, se puso al habla por teléfono con su compañero de la anterior estación para decirle: "Juanjo, ve rápido a uno de los bancos del andén, que han olvidado un sobre".
El sobre estaba: "No suele haber problemas", me dijo sonriente el joven empleado. Pocos minutos después la documentación volvía a mí de manos del inspector del tren siguiente.
La moraleja dejó un regusto inocultable: qué bueno cuando en los servicios públicos (en los de todos, que pagamos con los impuestos), sin perder la sonrisa, se sirve al público.-


























































