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ARGELIA, EN EL VENDAVAL. Último capítulo

Las cuatro esquinas

El presidente Zerual se enfrenta a un juego en el que sus cuatro participantes corren el riesgo de quedar fuera si no se dan maña y prisa

La víspera de mi partida, decido pasar unas horas en Blida. Todo el mundo me ha prevenido contra ello. Según la prensa de la oposición democrática "se halla bajo el dominio total de los integristas": "Dar una vuelta por Blida equivale a sumirse en una pesadilla. La 'ciudad de las rosas' es una sombra de lo que fue. La angustia y el miedo se leen en todas las caras" (El Watan, 8-3-94). Otros despachos de agencia sostienen que la carretera que la une a Chrea, en dirección a las Montañas, está en manos de los islamistas y "bandas de fanáticos imponen su ley en el arrabal industrial de Ulad Yaich". El trayecto de cincuenta kilómetros desde la capital transcurre en toda normalidad: ningún puesto de control ni presencia de la policía. Sólo a la entrada de Blida, en una encrucijada cercana al mercado, un tanque y varios soldados armados vigilan el tráfico fluido de los automóviles. A pie, con mis amigos escritores, recorro la avenida principal con sus villas marchitas de tiempos de la colonización cubiertas y casi asfixiadas por las buganvillas, la plaza del ayuntamiento con sus palmeras y quiosco central, las calles bulliciosas a causa del Aid el Fitr, el fin inminente del ayuno de Ramadán. De las mujeres con quienes me cruzo únicamente tres no se cubren con el hiyab; las peluquerías y salones de belleza femeninos han sido cerrados; los quioscos de periódicos no exhiben ningúna publicación en francés; tampoco doy con tiendas de venta o alquiler de videocasettes. Los informes de que los baños de mujeres han sido prohibidos (!) y las compañías de autobuses deben separar a los dos sexos durante el transporte no puedo confirmarlos de visu. Desde hace unas semanas pandillas de adolescentes reclutados por los GIA "convencen" al parecer a los habitantes de rescindir de la televisión y la radio, siembran el pánico en las escuelas hasta imponer a maestras y estudiantes el atuendo ortodoxo. La prensa de Argel habla de incontables agresiones y del asesinato de una joven mutabarraxa (provocativa) que rehusaba su condición de muhsana ("protegida" por su indumentaria púdica y el pañuelo). Mis tentativas de investigar los hechos fracasan. Ni en Blida -ni en ningún lugar de Argelia- la gente se confía a desconocidos y menos aún a extranjeros. La ley del silencio sella todos los labios."No se demore aquí mucho tiempo, podría ser peligroso para usted", me ruega uno. de los acompanantes.Resignado, sigo su consejo, con la frustradora impresión de haber alcanzado mi objetivo sólo a medias: verificar la extraña cohabitación establecida en diversos lugares de Argelia entre el poder y los islamistas, prefiguración de un posible acuerdo negociado ulterior. Las fuerzas del ejército, muy numerosas y bien pertrechadas en Blida y otros puntos de la Mitidya, permanecen acuarteladas, dejando al FIS, la gestión económica, social y religiosa de la ciudad. Después del fracaso de las redadas masivas y política de mano de hierro del general Jalid Nezar -cuyo resultado fue demostrar la facilitad con que los islamistas reclutan nuevos militantes en sustitución de los apresados en la inagotable cantera de jóvenes sin trabajo-, el nuevo presidente Liamín Zerual prefiere enfriar la situación y preparar el terreno a un indispensable diálogo nacional con sus interlocutores del FIS.

El discurso del Presidente del 7 de febrero es en verdad el primer intento serio de negociar en torno a una mesa el fin de la guerra civil que desarticula a Argelia. La convicción de que "la crisis multiforme" del país es la de "una sociedad que aspira a un cambio radical" y de que este cambio "debe significar una verdadera ruptura global, que implique a toda la sociedad, con sus fuerzas políticas, económicas, sociales y culturales" le conduce a promover el diálogo "como fundamento de la acción política" hasta reunir las condiciones necesarias a un retorno al proceso electoral: a la libre elección por el pueblo de sus representantes, sin manipulación ni presión de ninguna parte. ¿Quiere decir ello que las cosas han de volver al punto de partida del golpe de enero de 1992 sin exigir responsabilidades a los artífices de dicha decisión como reclama el FIS o la propuesta de abrir un periodo de borrón y cuenta nueva, con olvido de los errores cometidos por ambos bandos? Aunque Zerual no sea explícito al respecto, su programa de gobierno apunta la segunda opción. En cualquier caso, su convencimiento de que una mera política de orden público no puede sacar al país del atolladero le induce a propugnar una salida mediante un acuerdo con todos los partidos "sin excepción". Poco antes de su investidura al cargo, Zerual había hablado en términos muy parecidos a Budiaf, de la urgencia de moralizar la vida pública y denunciado la excrecencia de una "ideología parasitaria": la labor de zapa de "grupos de intereses en varios centros de decisión en el campo económico, la administración y demás puntos clave del Estado". La alusión más que transparente a la acción desestabilizadora de la mafia político financiera así como la mano tendida al FIS, trazando una divisoria entre él y los grupos extremistas armados, permiten vislumbrar una tenue luz de esperanza, el posible final de este túnel sombrío.

Liamía Zerual pertenece sin duda al sector del ejército que actuó durante dos décadas en la creencia de que trabajaba para el progreso y modernización de Argelia hasta descubrir con Chadli Benyedíd que el monopolio de la vida política por el FLN había engendrado tan sólo el nepotismo y cohecho, el advenimiento de uña casta ubicua que se había apoderado literalmente del Estado. Despertar a todas luces amargo, como él de tantos militantes abnegados que pusieron sus vidas al servicio de la Revolución y verificaban de súbito la magnitud de la estafa. Mientras algunos mandos del ejército, próximos a la oligar quía financiera y aferrados a sus privilegios, aprobaron sin escrúpulos de conciencia la orden de disparar contra el pueblo en octubre de 1988, esta decisión perturbó a los jefes y oficiales honestos -para no hablar ahora de la tropa, lanzada a redropelo a una represión fratricida-, obligándoles a reexaminar su papel con respecto al Estado y el conjunto de la sociedad. La división entre los defensores del aplastamiento total del FIS -escarmentados con el ejemplo de lo ocurrido a sus colegas de Irán tras la caída del Sha- y los partidarios de la negociación con Madani y Belhach se ha acentuado en los últimos tiempos en el seno de la cúpula militar que colocó por cooptación a Zerual en la presidencia de la República. Aunque situado en primera línea después de la desintegración del FI-N y el incomprensible silencio de casi todos los líderes de la oposición democrática, el Ejército -heredero de aquellos combatientes que soñaban en la industrialización de Argelia, la mejora del mundo rural y la eliminación del analfabetismo- repugnaría embarcarse en un nuevo golpe de Estado. La reciente experiencia de otros países le muestra que sacar los tanques a la calle sin un programa popular y viable no resuelve los problemas sino los agrava.

Un excelente análisis de Nureddin Jelasi en el semanario argelino La Nation (9-3-1994) resumía así los cinco frentes de combate del nuevo presidente: gestionar el espinoso diálogo con el FIS; combatir la ofensiva de los grupos armados extremistas; negociar un acuerdo factible con el Fondo Monetario Internacional; crear una plataforma de discusión con la dispersa oposición democrática; romper definitivamente con las prácicas corruptas de un clan omnipresente y soterrado. El juego al que se enfrenta Zerual me recuerda el de las cuatro esquinas, en el que todos los participantes corren el riesgo de quedar fuera si no se dan maña y prisa. Pero el peligro de los jugadores de Argelia no viene únicamente de la celeridad y astucia de sus rivales sino asimismo del propio campo: cada componente de la ecuación política sufre en efecto de tensiones y luchas internas, reflejo a su vez de las tendencias centrífugas de la vieja estructura tribal del país, manifiestas tanto en la lucha del emir Abdelkader contra la invasión francesa como en la fragmentación y rivalidad de los vilayatos en la guerra de liberación.

El primer problema del nuevo presidente es así el de la divergencia de opiniones en el interior del ejército que le encumbró al poder: según fuentes dignas de crédito, sus bases y grados intermedios reflejan las diferentes corrientes de la sociedad, desde simpatizantes islamistas a partidarios de un régimen militar laico similar al creado por Ataturk en Turquía hace setenta años. El programa de gobierno de Zerual tropieza sin duda con resistencias del núcleo o cuarteto de generales que lo nombró. Las preguntas formuladas por la prensa -¿tiene las manos libres para actuar o debe contar con el aval de los auténticos mandamás?- no han hallado aún una respuesta clara. Como observa el comentarista de Le Matin, "mientras Zerual no llegue a decidir en su favor la correlación de fuerzas [en el ejército], su tarea de impulsar la solución política mediante un compromiso con el FIS evolucionará al ritmo con el que evolucione aquélla". Si el objetivo y aun estrategia son patentes, sus posibilidades de aplicación no lo son. Cada día que pasa, con la amarga cosecha de muertes, erosiona su credibilidad y la esperanza de quienes quieren salir al fin de la actual atmósfera de pesadilla.El gesto de buena voluntad del poder de liberar a dos conocidos líderes islamistas no basta: el diálogo sin exclusiones con el FIS ha de llevarse a cabo con Madani y Belhach. Ello exige su salida inaplazable de la cárcel y posibilidad de reunir el Maxlis Echura (asamblea consultiva) antes de iniciar el proceso negociador. Un retorno a la situación anterior a junio de 1991 se realizaría en condiciones arduas. El terrorismo, la represión, la sangre vertida en uno y otro bando han originado traumas y abierto heridas de difícil cicatrización. De otro lado, a causa de la "neutralización" del grupo dirigente -actualmente encarcelado, en la clandestinidad y el exilio- el FIS encubre hoy una amalgama de grupos, facciones y bandas que pretenden actuar en nombre de los principios y normas islámicos, pero que se hallan divididos entre sí por feroces querellas personales y políticas: los GIA acusan ya a los dirigentes históricos de oportunismo, traición y baratillo de su programa de aplicación integral de la sharia. Simultáneamente, el temor de muchos militares -compartido con el RCD de Sald Saadi y los ex comunistas- a que la liberación de Abasi Madani sea el primer paso a su ascensión a la presidencia del Estado en un plazo relativamente breve, representa también una amenaza al frágil proceso negociador. La participación en el mismo de los movimientos islamistas legales Ennahda y Hamás facilitaría el diálogo y actuaría de elemento razonable y moderador.

El caso de los partidos políticos laicos es un ejemplo alarmante de afasia, parálisis y división. Mientras la descomposición del aparato del FIN se acelera y la Unión General de Trabajadores Argelinos (UGTA) acaba de romper públicamente con él, el principal movimiento de oposición, el Frente de las Fuerzas Socialistas (FFS) guarda un silencio incomprensible ante la oleada de asesinatos de intelectuales y el terror de los grupos armados islamistas y escuadras parapoliciales: en unas declaraciones a un periódico español, su dirigente, el viejo líder histórico Ait Ahmed, explica que su nuevo exilio en Europa se debe al temor de correr la suerte de Budiaf. "No quiero ser el segundo de la lista", dice. Pero ¿y sus bases? ¿Tienen acaso las posibilidades de refugiarse en Francia o Suiza? Con su mutismo e inacción -¿qué hace o dice Ben Bella en estas horas graves?- los movimientos democráticos -con la excepción del de Sald Saadi y el Ettahadi de Hachemi Cheri, únicos presentes en estas horas dramáticas del mundo de la cultura argelina-, corren el riesgo de pagar la cuenta del eventual compromiso entre el poder y el FIS. La manifestación de mujeres del 8 de marzo, Día Mundial de la Mujer, a la entrada del cine lbn Jaldún, no contó con el apoyo de los partidos y, según la prensa, su marcha de condena del terrorismo y del "diálogo con los asesinos" sólo obtuvo el respaldo de los dos grupos antes mencionados. Esta incapacidad de formar un bloque y el rechazo tajante de toda iniciativa negociadora con el partido votado mayoritariamente por sus conciudadanos reflejan una deficiente percepción de las realidades de Argelia. La exclusión del FIS de su proyecto de sociedad no es democrático ni viable. La democracia no puede medrar a la sombra de los tanques, como una fortaleza asediada, ni los tiempos que corren favorecen la implantación de un régimen a lo Ataturk. Una negociación firme del ejército, con todas las bazas de que dispone, no es una rendición. La percepción popular del FIS como una alternativa mesiánica jamás mancillada por su paso por el poder, su persecución y martirologio acentúan al revés su fulgor y aureola salvíficos: obligarle a someterse a la prueba del fuego de regir una crisis económica inconmensurable le haría descender del púlpito ideal desde el que predica. Last but not least, el terror y violencia de los extremistas, si puede permitirles convencer en teoría, no les ayuda en ningún caso a convencer a los tibios. En unas elecciones libres de toda presión y manipulación como las que promete Zerual, tengo razones para creer que su electorado medio se reduciría respecto al de hace tres años. Muchos argelinos no aguantan ya tanta intolerancia ni unos métodos justicieros tan brutales como expeditivos.

Queda el cuarto y más elusivo jugador: la mafia político financiera. Supuestamente arrinconada tras los bandazos de los últimos anos, reaparece siempre como la hidra de Lema: ningún Hércules ha decapitado hasta ahora de un tajo sus siete cabezas. La privatización del parque industrial argelino y de las sociedades estatales ruinosas es objeto, como en los países del Este europeo, de su insaciable codicia. Los antiguos patrones de las empresas nacionalizadas forcejean entre sí para apropiárselas. Nada se parece más a una nomenklatura que otra y su supervivencia depende de la desestabilización.

Un análisis más completo de la encrucijada argelina debería haber abarcado el problema de Kabilla y las otras minorías beréberes -chauls, mozabitas- así como la condición de la mujer, privada tras su participación valerosa en la guerra de la independencia, de toda libertad de opinión, expresión y conciencia: su soledad, expuesta de modo patético el pasado 8 de marzo, prueba su exclusión real de todos los programas políticos y proyectos de sociedad. Sometida desde 1984 a un Código de Familia más restrictivo que los de Tunicia y Marruecos, es la víctima propicia de desmanes la y violencias: una simple ojeada al correo de lectoras divorciadas o repudiadas de Algérie Hebdo, resulta más ilustrativa de su situación que las falaces estadísticos ministeriales y folletos de propaganda de quienes asumen abusivamente su voz.

¿Qué será de Argelia en los próximos meses y años? A las hipótesis barajadas por uno de los mejores especialistas en la materia, el sociólogo Sami Nair (vía iraní: victoria islamista; vía chilena: golpe de Estado del ejército; vía republicana: reparto de poderes entre los militares, el FIS y las fuerzas democráticas) añadiría otra igualmente posible y más inquietante: la fragmentación en taifas, lucha de clanes, guerra civil a la libanesa generalización del siba (anarquía). O luna elxplosión social consecutiva a un alza insoportable de precios impuesta en las negociaciones con el FMI. No lo olvidemos: los intereses de la deuda en 1994 suman 9.000 millones de dólares mientras que los ingresos previstos de la venta de hidrocarburos no alcanzan siquiera esta cifra. En un panorama asolado de terror, guerra larvada, degradación social y ruina económica, ¿cuál es el margen de maniobra de Zerual? La respuesta a este interrogante no puede ni debe demorarse.Sacudidos por el vendaval que barre Argelia, los ciudadanos que solo aspiran modestamente a vivir sin terror ni amenazas, se sienten en la situación de los estudiantes de la Escuela de Bellas Artes tras el asesinato de su director: como una especie en vías de exterminación.

¿Para cuándo el futuro? ¿Para qué día la esperanza?

Escuchemos entre tanto, recogidos, la palabra irremplazable del poeta:El silencio es la muerte y si te callas mueres, y si hablas mueres, así que habla y muere.Tahar Diaout

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de abril de 1994

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