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Tribuna:

Orden

Quizá una de las pocas equivocaciones totales de Marx fue el pretender que, cuando la historia se repite, lo que se dio en forma de tragedia se reproduce en forma de comedia. No siempre. Porque con este criterio sería inexplicable el aparente ejercicio de arqueología presente en el montaje de la solución yugoslava, en el que norteamericanos y ex soviéticos vuelven a repartirse los dos polos que equilibran el peso del mundo. Como si la experiencia del desbloqueo hubiera dejado el globo terráqueo en una órbita enloquecida, EE UU y lo que se llamaba URSS antes de llamarse CEI han vuelto a coordinar sus patrullajes universales llamando a capítulo a sus ahijados. Con un brazo sobre el hombro de croatas y bosnios los norteamericanos y con idéntico gesto los rusos con respecto a los serbios, se los llevan al puerto de la concordia dejando en el más absoluto desaire a la Europa que pudo haber sido y no fue.La quiebra del antiguo falso orden internacional ha requerido el remiendo, el reinventarlo para que al menos sirva una vez para arreglar una seria avería de la razón geopolítica. El que está muy contento con el arreglo es nuestro ministro Solana, que va por la vida y por la historia con el plural por delante: estamos más cerca de la paz..., hemos conseguido dar una prueba de firmeza... Por extensión, participamos de todos los plurales felices que tal vez algún día puedan aportar un impasse menos trágico que el que sigue viviendo la ex Yugoslavia. Doscientos mil humanos, hasta ahora, no han vivido para asistir a este curioso como si... como si todo fuera como antes... como antes de fomentar la lógica de la matanza y la bestialidad. Pero las filosofías neoliberales neoviolentas y neototalitarias están convencidas de que de vez en cuando conviene recordar que la vida no es un valor absoluto y que peor es estar muerto que en el paro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de marzo de 1994