Un enfermo terminal muere quemado en su casa sin poder huir del fuego

José López Romero, de 26 años y enfermo terminal, murió ayer carbonizado en su piso del barrio de Usera. El fuego se desató cuando Romero descansaba -como todas las tardes desde que entró en la pendiente final- en un sofá de la vivienda que compartía con tres hermanos.Reposaba solo: la televisión apagada y la estufa de butano encendida. Una manta marrón, un pantalón de pana beis, un jersey azul y unas pantuflas a cuadros le tapaban. La chispa saltó y la manta se prendió. El yonqui que pisó las cárceles de Carabanchel, Meco y Albacete murió en suelo, a poco distancia de la estufa. Su cuerpo parecía haberse arrastrado. El resto de la habitación quedó destruida.
El humo liberado en el incedido alertó a los vecinos. Avisaron a los bomberos y a la familia. La puerta estaba abierta, pero el humo les impidió entrar. Su padre, anticuario y gitano, pedía al cura que subiese a la casa oscura: "El alma de José sigue allí. Evite que entre en las nieblas", suplicaba. No pudo ser. La casa había sido precintada.


























































