Reportaje:

Inspiración y necesidad

15 grupos teatrales universitarios pelean por ensayar sus obras entre exámenes y falta de medios

Hay grupos que rebuscan en los clásicos obras especialmente pobladas para que nadie se quede sin salir; otros ensayan en una escuela prestada, porque la suya está en obras; los más profesionales son los del Aula Complutense de Teatro; los más originales, los ingenieros aeronáuticos, que tienen en la figura de Fulano un prodigio de escritura vertiginosa a la carta: a él le dicen cuántos integrantes son y cuánto quiere salir cada uno y él redacta una obra en dos días con las indicaciones prescritas. Son los 15 grupos diferentes de teatro universitario de la Complutense y la Politécnica. Ponen la inspiración en manos de la necesidad.Valeriano, estudiante de Derecho de 22 años, se encaja el personaje, da un paso en el escenario y suelta la frase sin mucha convicción: "Porque mutilado del alma en la gran guerra... Porque mutilado del alma en la gran guerra... Por... ¿Qué es lo que sigue, tío?", pregunta, medio sonriendo, a Jorge Traver, también estudiante en esta facultad, quien, desde el pasillo del auditorio, ejerce de director. "Hombre, Valeriano, venga, léelo si no te acuerdas, y vosotros, no os riáis", reprende, aunque levemente, a los otros ocho miembros del grupo Argólida de Teatro, empeñados, sin más ayuda que la de un buen montón de ganas de hacerlo, en estrenar en marzo Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona.

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Soñar con una furgoneta

El grupo ensaya todos los días, de dos a cuatro de la tarde, en el Auditorio de la facultad, y les animan los rumores de que en abril va a celebrarse un festival de teatro de la Universidad Complutense. Un festival que nadie sabe si existirá. Sueñan con una furgoneta con la que recorrer pueblos y que una tarde aburrida se les aparezca por la puerta ese productor de películas que con una frase les libre del Código Civil. Se quejan de falta de estímulos por parte de la Universidad. "Las dos semanas antes de la obra las chicas se las pasan cosiendo el vestuario", comentan desalentados.Sin embargo, Víctor Mendoza, responsable del Aula Complutense de Teatro, de lo que se queja es de falta de iniciativas por parte de los estudiantes. "Yo estoy dispuesto, además de organizar lo del Aula, a echar una mano a los distintos grupos; pero hasta ahora sólo se han puesto en contacto conmigo unos estudiantes de matemáticas", comenta Mendoza.

El Aula Complutense de Teatro, que actualmente cuenta con 60 estudiantes, es una iniciativa de la propia universidad para estimular, adiestrar y enseñar a estudiantes con inquietudes escénicas. Cuesta 30.000 pesetas al año. "E! una manera de que se presente sólo gente con verdadero interés y no sólo con curiosidad. De hecho, cuando llevan algunos años no les cobro nada. La universidad nos ha dado de presupuesto este año 600.000 pesetas", explica Mendoza. Actores profesionales y profesores de la Escuela de Arte Dramático colaboran con los alumnos, con lo que los ensayos son igualmente duros que los del grupo Argólida, aunque mucho más sistemáticos y fructíferos. En lo que sí coinciden los del Aula con los de Derecho es en dejar para siempre los apuntes si surgiera una buena oferta. En la actualidad preparan el Tartufo, de Molière, que será representado en abril, dentro de la celebración del VII Centenario de la Universidad Complutense.

En la Facultad de Sociología el ambiente es muy distinto. Volemos a las precariedades suplidas on imaginación y, en este caso, fervor político. Aquí, estudiantes miembros de la asociación de alumnos Rosa Luxemburgo, e ideología de izquierdas, preparan obras escritas por ellos mismos inspiradas siempre en la crítica social. Ahora organizan un recital poético por las víctimas de los bombardeos serbios en Sarajevo, que presentarán en marzo en su facultad.

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Los futuros matemáticos también tienen su grupo, su obra, su jefe y su estilo: ensayan n una clase, bajo las indicaciones de Cristina, estudiante de químicas, y eligen las obras más multitudinarias que encuentran. Claro, de lo que se trata es de que actuemos todos", cuenta Ana. Este año han encontrado un auténtico filón con José Luis Alonso de Santos y su obra El álbum familiar, de 18 personajes. Como ellos son 19, pues nada, se han inventado a alguien que lee con voz en off las acotaciones y persigue al protagonista como si fuera su sombra. Tienen experiencia en esto de crear personajes. El año pasado, en un entremés cervantino, llamaron a escena al mismísimo Cervantes para que leyera un prólogo y de paso proporcionara un papel más.

Lo contrario pasa en Filología, donde los únicos tres miembros del grupo ensayan A puerta cerrada, de Sartre.

En la Universidad Politécnica, los estudiantes destrozan el mito del ingeniero autárquico, seco y sin curiosidad. Hay hasta diez grupos diferentes de teatro, y, en total, más de 200 personas ensayan actualmente una obra u otra. Preparan la segunda edición del Festival Teatral de la Politécnica que se celebrará en la segunda quincena de abril y que los reunirá a todos. El rectorado de esta universidad proporciona 100.000 pesetas a cada grupo. "El año pasado nos pusimos a hacer La venganza de don Mendo, de Pedro Muñoz Seca, y, como era una obra ambientada en la Edad Media, nos gastamos el dinero en vestuario. Este año [se rie] hemos elegido Los ochenta son nuestros, de Ana Diosdado", cuenta Carlos Manzanares, alumno de la Escuela de Montes.

Papel a la medida

Y entre los 200 ingenieros, hay uno que no sólo escribe sus propias obras, sino que las adapta a a necesidad de los personajes de que dispone y al tiempo que quiere salir cada uno: Miguel San Miguel Torvisco, de 26 años, alumno de la Escuela Técnica de ingenieros Aeronáuticos. Presentará dos obras al festival: Intentándolo no existe manera (dos jóvenes secuestran una oficina el Inem para reclamar un trabajo) y Aedilis, loco patris (un magistrado romano que llega a Mérida y descubre que todo lo que rodea a esta ciudad está emponzoñado de corrupción). "Me gusta que las obras se refieran a un tema actual. Tardo poco en escribir un texto teatral: una semana, como Lope de Vega".

Sobre la firma

Antonio Jiménez Barca

Es reportero de EL PAÍS y escritor. Fue corresponsal en París, Lisboa y São Paulo. También subdirector de Fin de semana. Ha escrito dos novelas, 'Deudas pendientes' (Premio Novela Negra de Gijón), y 'La botella del náufrago', y un libro de no ficción ('Así fue la dictadura'), firmado junto a su compañero y amigo Pablo Ordaz.

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