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Tribuna:

Huelga general

Mañana es día de huelga general. Restan 24 horas para que una parte X (incógnita de casi imposible solución, ni siquiera el 28-E) del país proteste inactivamente contra la famosísima "política económica del Gobierno". A pesar de su cercanía en el tiempo, reconozco públicamente que no sé qué hacer. Intento lograr un criterio claro sobre una circunstancia tan importante para mi país, y cada hora que pasa sospecho que crece mi desconcierto.Me informo. Los sindicatos, supuestamente representantes de los trabajadores no ven otra salida. Soy trabajador, luego me toca. El Parlamento, legítimo representante del pueblo, rechaza mayoritariamente la huelga. Y yo soy pueblo, luego también me toca. Aparece un manifiesto de intelectuales apoyándola. No me considero un intelectual, pero dentro de la lista existen personas a las que concedo crédito por haberme demostrado, en muchas ocasiones, el ser personajes con criterio (ese que puede que me falte ahora). Leo un artículo que casi me convence de los perniciosos efectos que puede tener una paralización masiva. Nada, no hay forma de que la balanza se incline para un lado.

Es hora de que me deje de influencias y busque respuestas en los efectos de su propia capacidad de raciocinio. Si fuese estudiante cualquier indecisión sería finalmente resuelta por el sano ejercicio del día laboral-festivo. Si estuviese en paro o a punto de estarlo, jugaría un 1 al pulso sindicatos-Gobierno en la quiniela de nuestra competición política.. Si fuese economista, los números me echarían una mano. Y si fuese político me acogería a la disciplina de partido. ¿Pero qué he de hacer si pienso que todos tienen razón y ninguno tiene la razón? ¿Y si hay días que me creo eso de la crisis mundial, y otros me parece un cuento chino? ¿Cómo voy a confiar en los partidarios de la huelga, cuando hay algunos dispuestos a utilizar la coacción física para impedir que cada uno haga lo que crea conveniente? ¿Cómo voy a estar de acuerdo con la reforma laboral si alguno de los artículos que he, logrado entender me ponen a temblar?

Me queda poco tiempo para decidirme, y nadie parece dispuesto a ayudarme, ni siquiera mi cerebro. Hombre, siempre me puedo dejar llevar, y esperar que mi entorno decida por mí, pero tampoco es algo que me deje tranquilo. Sólo hay una cosa que me reconforta en estos momentos. No tengo hijos, por lo que no he de hacer frente a la inevitable pregunta: "¿Oye papá, qué es, por qué se produce y para qué sirve una huelga general?". Les aseguro que es un alivio dentro de tanta confusión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de enero de 1994

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