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Dios, sovjos y koljos

El Partido Agrario ruso rechaza la privatización de la tierra busca el voto rural conservador

Se encuentra en la región de Moscú. Antes era el sovjós (explotación agraria estatal) V. I. Lenin; ahora es la empresa agrícola colectiva (privada) V. I. Lenin. Sus 3.500 habitantes vivían antes en las casas del sovjós arreglaban sus coches en sus talleres, compraban en sus tiendas y llevaban a los niños a su guardería; como ahora. Su director era antes Piotr Riábtsev, y desde su despacho podía verse por la ventana un enorme cogote de Lenin en piedra; Riábtsev sigue y la gran escultura de tres metros del fundador del Estado soviético, también. Antes había 100 tractores, ahora sólo 70. Algo ha cambiado.En estas tierras congeladas no sólo por la nieve es donde ha brotado el Partido Agrario. Sovjoses y koljoses, que ahora se denominan legalmente de otra manera, pero que todo el mundo sigue llamando sovjós o koIjós, conforman la base social de un grupo político que sorprendió a los rusos al reunir medio millón de firmas para apoyar sus candidaturas, más del doble que cualquier otro. ¿Cómo? Diciendo a los koljosianos que el koljós necesitaba su firma, según explican los propios dirigentes agrarios, que ahora confían en recibir varios millones de votos diciendo a los koljosianos que son para el koljós. Unos 15 millones de personas (10% de la población) están directamente relacionadas con las tareas agrarias, cifra que se duplica si lo que se cuenta es la población rural.

Piotr Riábtsev era antes un destacado militante del partido comunista y ahora es un dirigente cualificado del Partido Agrario de la región de Moscú, donde figura como cabeza de lista. Traje gris, gran despacho y maneras inequívocamente burocráticas, Riábtsev explica que el Partido Agrario nació el 26 de febrero pasado "porque el Gobierno no escucha a los campesinos".

"La reforma", precisa, "se está haciendo con métodos que no se corresponden a las condiciones rusas. A causa de ello, hemos empezado a perder lo mucho que hizo nuestra gente a lo largo de varias décadas". Los cambios, insiste, se hacen "sin tener en cuenta las raíces históricas del campesino ruso", que cuando dejó de ser siervo "optó por el artel" (trabajo colectivo) a finales del siglo pasado.

Su posición, por tanto, es la de mantener las explotaciones colectivas -el soy Jós Lenin ha tomado esa vía- porque así, argumenta, se aprovechan mejor las instalaciones y la maquinaria, se mantiene un tamaño con posibilidades de rentabilidad y se garantiza mejor la supervivencia de la gente. "Un sovjós como el nuestro puede aguantar un par de años pese a las dificultades, pero un granjero individual no". Riábtsev, como todos los dirigentes del partido, insiste en que no está contra los granjeros, que suman ya un cuarto de millón, pero rechaza tajantemente las propuestas de reparto individual de la tierra.

Un rechazo igualmente frontal merece el decreto de Yeltsin de octubre pasado que liberaliza totalmente la compraventa de suelo agrícola. "La tierra no se debe poder vender. Ha de, pasar de padres a hijos o de un granjero a otro, de alguien que la trabaja a otro que la puede cultivar aún mejor". El decreto, en su opinión, abre las puertas a la especulación por parte de "estructuras oscuras". El propio sovjós Lenin, creado en 1918 a instancias del padre de la patria soviética, ha recibido ofertas de especuladores dada su proximidad a Moscú. "Pero es nuestro medio de vida y, pese a las dificultades, no vamos a vender".

La dificultad principal la explica Riábtsev con sencillez: la mayor parte de los precios se ha liberalizado, pero los del pan, la leche o la carne siguen en buena medida controlados, lo que hace que "cuanta más leche produzcamos, más dinero perdernos". En el conjunto de Rusia, la producción de carne, leche y huevos descendió el año pasado entre el 10% y el 12%. Además, el Estado tarda en pagar sus deudas: "Ahora debe al sector más de dos billones de rublos" (unos 200.000 millones de pesetas).

Dada la situación, los dirigentes agrarios quieren poder. "Hemos de estar presentes en las estructuras legislativas y ejecutivas a todos los niveles". De ahí que hayan colocado ya a un viceprimer ministro en el Gobierno, Alexandr Saveriuja (número tres en la lista electoral), e intenten tener un grupo propio en la Duma, del que podría formar parte el golpista Vasili Starodubtsev. "Somos independientes y pactaremos con aquéllos que nos ayuden, no importa quiénes sean", asegura Riábtsev, después de rechazar que su partido vaya cogido de la mano del comunista.

El Partido Agrario está por el no a la Constitución, pero sin estridencias. Está contra la reforma, pero prefiere tocar algo de poder para lograr créditos a la agricultura y forzar la imposición de elevados aranceles "para proteger el mercado ruso", en lugar de rechazar frontalmente la economía de mercado.

Piden que "se creen condiciones adecuadas para que el mercado agrario funcione" y los jóvenes "no quieran emigrar a la ciudad". Y recuerdan que todos los países de Europa y Estados Unidos subvencionan a los agricultores.

Riábtsev rechaza que su grupo parezca más un sindicato que defiende intereses corporativos que un partido político. "No es así. Nosotros defendemos algo que interesa a todo el mundo, que es garantizar una alimentación suficiente". "Los rusos", prosigue, "padecen ahora más enfermedades y en comparación con otros países vivimos 10 años menos. Eso no se solucionará sólo fabricando más medicinas: sin una buena alimentación nada cambiará".

En su búsqueda del voto rural conservador, estos admiradores de VIadímir Ilich Lenin no dudan ahora en invocar el nombre de Dios, en mostrarse creyentes. Riábtsev relata esta conversación con su nieto de cuatro anos, maravillado por el crecimiento de una mata de habas: "¿De dónde sale la planta?", pregunta el niño. "De Dios", responde el abuelo. "Y dónde está Dios?". "En el cielo". "Y cómo la trajo desde el cielo?". "Él viene aquí de cuando en cuando". "Pues la próxima vez que baje aquí, quiero verlo".

¿Por qué vale la pena votar al Partido Agrario? Entre otras cosas, para tener un entierro gratuito, según se desprende de este otro ejemplo de Riábtsev: "Una anciana que con los esfuerzos de toda la vida haya ahorrado 5.000 rublos se ha quedado sin nada con la reforma. Esos 5.000 rublos eran mucho y ahora ni siquiera dan para un entierro decente. Para el entierro se necesita una fortuna. En los sovjoses y koljoses tenemos gente capaz de hacer ataúdes y tenemos transporte: podemos enterrar gratis".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de diciembre de 1993