Germán Sánchez Ruipérez abandona la presidencia del grupo

Anaya María Isabel Andrés, de 46 años, nombrada nueva presidenta

Germán Sánchez Ruipérez, de 67 años, fundador de Ediciones Anaya, anunció ayer a la junta general de accionistas su, decisión de abandonar la presidencia del grupo. Le sustituye María Isabel Andrés Bravo (Salamanca, 1946), que representa al 18% del capital de la empresa y es miembro del consejo de administración desde 1976. La primera medida económica para sanear el grupo será la emisión de bonos convertibles en capital por valor de 2.000 millones de pesetas, a la que Sánchez Ruipérez -que controla el 46% del capital- ha decidido no concurrir para dar entrada a nuevos accionistas que aporten mayor liquidez al grupo.

La emisión de bonos convertibles, que aprobó ayer la junta general de accionistas, tiene tres objetivos: refinanciar los gastos que supone el plan de reestructuración, lograr fondos para costear las adquisiciones recientes y tener dinero para abordar nuevos planes de expansión. Pero, al margen de estos objetivos, con esta emisión el Grupo Anaya abre las puertas a la incorporación de nuevos accionistas que aporten el capital necesario.Para ello, los accionistas tradicionales del grupo, que controlan el 64% (entre el 46% que representa Sánchez Ruipérez y el 18% que controla Andrés Bravo) tendrán que ceder los derechos preferentes para suscribir la emisión. El fundador de Anaya está dispuesto a hacerlo y es posible que la nueva presidenta adopte una actitud similar, según se desprende de las manifestaciones realizadas ayer, tras la junta de accionistas por los representantes de la empresa, cuyo consejero delegado es Francesc Guardans Cambó.

El balance de Anaya correspondiente al pasado ejercicio (terminó el 30 de junio) descubre que los resultados consolidados del grupo cayeron de 1.447 a 414 millones de pesetas. Según Guardans, se debe a los gatos originados por el plan de reestructuración, que ha supuesto pasar de 1.475 a 1.373 empleados.

Otro dato preocupante para Anaya es el aumento de la deuda a corto plazo, que se ha elevado en unos 1.800 millones de pesetas. Este aumento proviene, básicamente de las deudas con entidades de crédito (de 3.361 a 5.506 millones), y, al ser a corto plazo, la empresa está obligada a amortizarlo o a refinanciarlo en un periodo no superior a cuatro años. La deuda total asciende a 11.800 millones de pesetas.

De ahí se desprende, en gran parte, la necesidad de aumentar los recursos propios (capital más reservas) mediante la emisión de convertibles. De esta forma, el capital se duplicaría a algo más de 4.000 millones y los recursos propios, que son los fondos con los que una empresa puede contar para acometer sus inversiones, superarían los 11.000. De momento, los 431 millones de pesetas de beneficios obtenidos el pasado ejercicio van destinados a reservas, al no repartir dividendos.

Este año, Anaya espera mejorar sus resultados, a juzgar por la buena evoluación de los primeros meses del ejercicio hasta octubre, según Guardans. Hasta esa fecha destaca el éxito de los textos destinados a los nuevos cursos escolares, que se han incrementado un 10%, con más de 500 millones de ingresos sobre el mismo concepto en el mismo periodo de 1992. En gastos la empresa ha reducido 253 millones.

Guardans explicó ayer el nombramiento de Andrés Bravo como un "relevo generacional" que se enmarca en una reestructuración de la empresa, emprendida a finales de 1992. Guardans negó que esta operación de saneamiento tenga como objetivo la venta del grupo.

María Isabel Andrés es concuñada de Sánchez Ruipérez (está casada con un hermano de Ofelia, esposa de Ruipérez) y está vinculada al grupo desde hace más de 20 años. En 1981 fue nombrada secretaria general de la Fundación Ruipérez, de la que es ahora vicepresidenta ejecutiva. Germán Sánchez Ruipérez queda como presidente honorario. En 1959 creó la editorial Anaya. Esta firma dio nombre al Grupo Anaya, constituido en 1988, y que agrupa a unas 15 editoriales como Alianza, Cátedra, Tecnos, Anaya & Mario Muchnick, entre otras. Las últimas en incoporarse han sido Ediciones del Prado y Ediciones Altaya.

No fueron tan productivas sus inversiones en medios de comunicación: en febrero de 1990, vendió su participación del 25% en Telecinco por desavenencias con sus socios; y su proyecto de prensa, el diario El Sol, sólo duró 22 meses en el mercado.

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