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Pobre, casto y precoz

Los vecinos de Baza sonríen cuando el forastero pregunta por las cuevas del Garfio, un barrio humilde pegado al cerro donde Esteban Sánchez tiene su casa. El de Esteban es un caso peculiar entre la legión de curanderos, visionarios y adivinos que disparatan con éxito en consultas privadas o en programas de radio y televisión: es el más joven. A los 13 años, el más pequeño de una familia, de ocho hermanos se inició en las milagrerías, pero el reconocimiento le vino a partir de los 15 o 16. Fue campeón de rumbas en la época que frecuentaba las discotecas, y ahora no puede prescindir de la música moderna mientras palmea y frota a los pacientes. Asegura que ha escogido libremente el voto de pobreza, que le impide lucir más de un anillo de oro en los dedos, y sugiere que cumple el de castidad.Comprendió que tenía poderes fantásticos jugando junto a las tapias donde su padre encerraba el ganado. Un tipo con las manos rajadas" apareció en un círculo de luz. Trata de "cerdos" a los medios de comunicación que le culpan del incidente de las quemaduras y asegura que la Virgen le transmite peregrinos mensajes no exentos de cierta modernidad, como la pronta recuperación de la capa de ozono.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de junio de 1993