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Macedonia, rodeada de enemigos

La antígua república yugoslava lucha por la supervivencia

ENVIADO ESPECIALAño y medio después de la proclamación de independencia de la antigua república yugoslava de Macedonia, sus dos millones de habitantes siguen atenazados por la duda sobre su capacidad de supervivencia como Estado. Sus enemigos no sólo acechan tras las fronteras. Muchos actúan desde el interior, algunos abiertamente, otros de manera larvada. La dramática historia de la región explica en parte por qué un Estado tan pequeño, tan pobre y desarmado merece tantos adversarios. Grecia cree tener motivos para ser uno de ellos.

"Nosotros no queremos guerra, pero si nos atacan tendremos que defendernos. Dios dirá cómo, porque no tenemos armas y todos nuestros vecinos, griegos, serbios, búlgaros y albaneses, quieren nuestra tierra". Yan Drasevski, un joven de Krusevo, tiene aún esperanzas de que la recién nacida república independiente de Macedonia no sea efímera como la que su abuelo y otros luchadores fundaron en esta pequeña ciudad en 1903, en la primera gran rebelión macedonia contra el imperio otomano.Aquella república de Krusevo, la primera en ser proclamada en los Balcanes, existió durante 10 días, pasados los cuales varios miles de soldados turcos aplastaron la resistencia de los 500 mal armados defensores del minúsculo Estado y quemaron la próspera ciudad. Hoy, la correlación de fuerzas entre los enemigos de Macedonia y sus defensores no es más favorable a éstos.

Grecia acusa al nuevo Estado de querer usurpar el nombre de Macedonia al helenismo y responsabiliza al régimen macedonio de esconder, tras este nombre y su utilización de los símbolos del imperio macedonio de Alejandro Magno, apetitos territoriales sobre la Macedonia egea, conquistada por los griegos a los turcos y a los búlgaros en las guerras balcánicas de 1912 y 1913.

El presidente macedonio, Kiro Gligorov, insiste en que el Estado no alberga ambición territorial alguna. Gobierno, y oposición aseguran que los griegos jamás utilizaron estos símbolos antes de la creación de este nuevo Estado tras la disolución de Yugoslavia y que Atenas siempre llamó Grecia del Norte a la región a la que sólo en 1988 dio oficialmente el nombre de Macedonia, cuando la república con tal nombre existía ya desde hacía décadas como parte de Yugoslavia y la federación se acercaba a su fin. Según Skepie, la hostilidad de Grecia se debe a su temor a tener que reconocer y respetar los derechos de una minoría eslava en sus regiones septentrionales.

Según estas fuentes macedonias, Grecia podía haberse erigido en protector del nuevo Estado de no haber optado por oponerse, a la existencia de este pequeño país, al que ha sometido a un duro bloqueo comercial cuyo reconocimiento por parte de la Comunidad ha vetado. "Nos habríamos arrojado entusiastas en los brazos griegos. Tenemos una religión común, siempre hubo simpatía hacia ellos, salvo entre pequeños grupos radicales. Con su miopía nos han empujado a los brazos de Turquía, hacia la que, como ocupante durante cinco siglos, había aquí mucho mayor recelo", dice en Skepie el periodista Saso Ordanoski.

El segundo enemigo es Serbia, que, aislada por el norte por dos Estados hostiles como Croacia y Hungría, necesita más que nunca un corredor territorial con su principal aliado en la región, que es Grecia, y con los puertos en el Egeo. La cúpula serbia, desde el presidente yugoslavo Dobrica Cosic al serbio Slobodan Milosevic y al jefe del Partido Radical, Vojislav Seselj, insisten últimamente en la necesidad de "una confederación entre Grecia y Serbia. Para su realización, sería Serbia la que habría de anexionarse Macedonia, ya que es del todo improbable que Grecia, miembro de la Comunidad Europea y la OTAN, se lance a semejante operación militar. La integración de Macedonia en la federación serbio-montenegrina no deja por ello de ser la opción ideal para Atenas.

Bulgaria ha reconocido a Macedonia como Estado aunque no reconoce a los macedonios como nación y los considera plenamente búlgaros. En cualquier caso, las diferencias idiomáticas entre los dos países son mínimas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de marzo de 1993