González compara su política económica con la que podría haber hecho "una derecha moderna"

Felipe González admitió ayer en Barcelona, en un mitin al que asistieron unas 8.000 personas, que la política económica de su Gobierno podría haber sido realizada por "una derecha moderna". Pese a esta constatación, el presidente del Ejecutivo, que participó junto a Narcís Serra y la plana mayor del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) en un mitin para conmemorar la década de gobierno, socialista, pidió colaboración sindical para reformar el Inem -"ha llegado la hora de distinguir a los parados de los vagos", dijo- y solicitó a UGT que "arrime el hombro" para que el PSOE gane las próximas elecciones "con mayoría".

La presencia de González en el acto con que el PSC conmemoró "la mejor década de este siglo en España", según proclamó el secretario general del PSOE, tenía un valor añadido: los organizadores del mitin pasan por ser dentro del socialismo español quienes mejor encarnan la renovación dentro del PSOE; el vicepresidente Narcís Serra ocupó un lugar preeminente en la tribuna y no tuvo que seguir el acto desde la arena, como sucedió hace dos semanas en la madrileña plaza de las Ventas, y entre los oradores había otros dos ministros: José Borrell y Jordi Solé Tura. Junto a ellos, el alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall; el primer secretario del PSC, Ralmon Obiols, y el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves.Con un tono directo y didáctico, adecuado a un auditorio con mayoría de jubilados, las intervenciones estuvieron impregnadas de una atmósfera preelectoral en la que "la derecha" se convirtió en víctima propiciatoria de unos ataques, de los que tampoco se libró un Julio Anguita, "que ni siquiera se ha enterado de que el comunismo ha muerto", en palabras de González.

Andanadas contra el PP

El líder socialista, que habló durante 50 minutos, admitió que mientras la política social aplicada por su Gobierno ha sido "claramente socialdemócrata, la económica podría haberla hecho una derecha moderna; Adolfo Suárez ya lo intentó, pero la derecha retardatarla se lo impidió", dijo. Comentó, entre silbidos, que "hubiera sido bueno que este país tuviera una derecha modernizadora de la que ha carecido durante muchos años", y acusó a los conservadores de desanimar a los ciudadanos con críticas catastrofistas. "Angustian incluso a algunos empresarios, que cuando ven sus programas económicos tienen miedo y prefieren que sigan gobernando los socialistas".

González se explayó en sus ataques contra el programa fiscal presentado por el PP, del que Narcís Serra había advertido que "hubiera dejado en bancarrota al país en un año". "La derecha española, que no se entera de nada, acaba de descubrir el programa neoliberal de Reagan y de Thatcher y presenta algo que ha fracaso en Estados Unidos y el Reino Unido", apuntilló el presidente.

"Bill Clinton, que no es socialdemócrata, ha propuesto que el Estado debe corregir los retrocesos republicanos en materia de educación, infraestructuras, sanidad... y, como guinda, se propone que Estados Unidos organice unos grandes Juegos Olímpicos [los de Atlanta]. Clinton ha vencido con este discurso. ¿A qué les suena?", preguntó G .onzález al público, estableciendo una claro paralelismo entre los objetivos del PSOE en el año 82 y los del virtual presidente demócrata.

Frente a sus críticas a la derecha, González pidió diálogo a los sindicatos -a los que felicitó por el "esfuerzo" negociador ante la ley de huelga-, tanto para hacer frente a los retos europeos como a la crisis económica. En este contexto, enmarcó la propuesta gubernamental de reformar el Instituto Nacional de Empleo (Inem) para "distinguir", enfatizó, "al parado del vago".

Pero González fue más allá en su intento de recomponer sus casi inexistentes relaciones con UGT, sindicato al que animó a colaborar con el PSOE para que los socialistas ganen de nuevo las elecciones en 1993. Fueron casi sus últimas palabras durante el mitin: "Vamos a volver a ganar y no lo haremos con una pequeña minoría, sino con mayoría. Para ello hemos de arrimar el hombro todos, incluso los compañeros de UGT". Poco después, Apolinar Rodríguez, secretario de Acción Sindical de UGT, replicaba en declaraciones a Efe: "Las coordenadas de la política del Ejecutivo son claramente divergentes con las demandas de los trabajadores, y UGT no va apoyar a ninguna fuerza política".

Antonio Romero (IU) censuró que González "tenga la cara de pedir apoyo a UGT, cuando los sindicatos se han visto obligados a convocar dos huelgas generales". Luis Ramallo (PP) tildó de "fascistoides los insultos" a los populares, porque "quien dice yo o el diluvio niega la esencia de la democracia, que es la altemancia", informa Europa Press.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 08 de noviembre de 1992.

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