Debates presidenciales
La forma, en política como en muchas otras cosas, impone el contenido. El debate presidencial norteamericano del pasado domingo pareció muy tedioso porque estuvo dividido en bloques de 60 segundos independientes sin posibilidad de intercambios. Por contra, el debate de los vicepresidentes fue ( ... ), todo el mundo ha estado de acuerdo, muy televisivo. Pero, ¿fue algo más? Quizá sí. ( ... )La forma del debate presidencial puede volver a cambiar porque cambia el formato, por única vez, a un enfrentamiento libre. Esa puede ser la última oportunidad de Bush. Si no consigue desorganizar a Clinton y robar la escena a Perot, las sombras de la noche se lo tragarán.
Hay un cambio real en Estados Unidos más allá de las declaraciones televisivas. Es un cambio a cualquier cosa menos George Bush. El presidente se acerca a su Némesis en las redes de la recesión: su recesión. No puede decir ( ... ) que otro empezó el desplome, él estuvo todo el tiempo.
Bush y Dan Quayle pueden argüir que la situación económica es culpa del Congreso demócrata y que la cosa va a cambiar, pero por supuesto que no será así. ( ... ) Sólo pueden ofrecer cuatro años más de lo mismo, y eso es justo lo que el electorado rechaza frontalmente. Comienza a no haber un futuro previsible para el presidente Bush y podría empezar a pensarse animadamente en qué podría traer un futuro Clinton.
, 15 de octubre


























































