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Entrevista:

"Hay que aplicar una disciplina a ultranza y contener los salarios"

Álvaro Espina (Valongo-Cortegada, Orense, 1948), doctor en Ciencias Políticas y Sociología y militante del PSOE, es secretario de Estado de Industria desde hace año y medio. Desde entonces ha vivido la situación de crisis que se manifiesta ahora con toda su virulencia. En la entrevista reconoce que la solución es difícil y que la tienen que buscar empresarios y sindicatos mediante la contención de los salarios.

, Los indicadores industriales demuestran una caída en picado de la actividad industrial y ponen de manifiesto el desequilibrio acumulado desde 1989. La industria viene notando la crisis desde hace meses, pero es ahora cuando realmente la está sufriendo.

Pregunta. ¿Qué augurios hay en el Ministerio de Industria?

Respuesta. La realidad es que hay una presión brutal porque en los tres últimos años los salarios han crecido un 22% y la productividad sólo un 2%. Es decir, los costes laborales unitarios lo han hecho un 20% y únicamente se han podido compensar con precios un 5%, por lo que hay un desequilibrio de 15 puntos en las empresas, que están teniendo que soportar una comprensión profunda de sus beneficios. ¿Cómo se puede corregir ese desequilibrio? La única salida razonable es aplicar una disciplina a ultranza por parte de todos los agentes sociales: empresas, sindicatos y el propio Gobierno.

P. ¿Qué receta plantearía?

R. La palabra clave es competitividad. Desde 1989 a 1992 la productividad de la economía, que es con la que se financia el crecimiento del poder adquisitivo, ha quedado estancada. Para ser consecuente con ésto, a un periodo como éste le correspondería un estancamiento de los salarios reales, pero no se ha producido así. En 1991, por ejemplo, los salarios crecieron casi un 3%.

P. ¿Habría que sacrificar, pues, los salarios?

R. No me gustaría pronunciarme sobre una caída de los salarios, porque son los agentes sociales los que tienen que hacerlo. Las empresas, en condiciones normales, tienen dos alternativas. Una, pactar una tregua salarial, y otra, aumentar la producción y los precios para ajustar productividad. Pero, como sabemos que el producto va a crecer poco y que no se puede recurrir a los precios, nos encontramos ante, la necesidad de ajustar el empleo. Lo que no se puede es permanecer de brazos cruzados.

Los pactos posibles

P. ¿Cree que se pueden alcanzar pactos?R. En este sentido, resulta profundamente desconcertante oír que la propuesta de reivindicar crecimientos de un punto en el poder adquisitivo es moderada. A mí no me lo parece. Ante eso, no sé si se puede pactar; pero, en la medida en que no se presione por la vía salarial no se será sensible a las realidades y los ajustes de empleo serán superiores. El desequilibrio de 15 puntos se tiene que absorber en alguna medida y no me cabe la menor duda de que el ajuste de productividad lo tienen que hacer las empresas. Si las dos próximas rondas de negociación colectiva, que deben ser bianuales, no suponen un alivio en los próximos tres/cuatro años, la caída del empleo industrial para mejorar la productividad será muy importante. En cualquier caso, quiero subrayar que no todo el ajuste hay que hacerlo por la vía salarial, sino que hay que forzar en primer lugar las mejoras de calidad y diversificación de los productos. Hay menos dramatismo de lo que dicen los indicadores. Aunque en el horizonte inmediato no se vislumbra ninguna situación de euforia, hay que precisar, no obstante, que no hay que dejarse engañar con estos datos cuantitativos, ya que nuestra industria esta llevando a cabo una modernización que significa no sólo competividad en coste de eficiencia; sino también mayor calidad y valor añadido.

P. ¿Un entendimiento a nivel europeo, hasta qué punto puede solucionar esto?

R. El resultado del referéndum francés no hay que valorarlo en el 2% de diferencia, sino en el avance que significa en la unión europea. Sobre los problemas industriales, es verdad que la crisis coincide con la etapa de convergencia, pero donde nos encontramos no es en la convergencia ni han surtido efecto las medidas que se han empezado a tomar, sino en la divergencia. De modo que la responsabilidad sobre la mala coyuntura debería imputársele a la divergencia y reafirmar la necesidad de avanzar hacia algo que ha quedado claro: la utilización de una política macroeconómica a escala individual de cada país no será efectiva si no está coordinada con el conjunto del área.

Paro e inflación

Antes se utilizaba la política macroeconómica. para luchar contra el paro e impulsar el desarrollo y la microeconomía para luchar contra la inflación. Sin embargo, la crisis del petróleo significó un giro de 180 grados y la política macro se utilizó para estabilizar las economías y, por tanto, para luchar contra la inflación, mientras que las políticas socioeconómicas se han utilizado para luchar contra el paro. Sucede que la política económica es cada vez menos efectiva a escala nacional y sí a escala global. El esfuerzo de ir hacia la unión económica y monetaria es una respuesta a esa evidencia: las políticas macroeconómicas sólo pueden realizarse a escala de un continente frente a la evolución del mercado y no caben decisiones unilaterales de un país.P. ¿Caben actuaciones de política industrial en estos momentos?

R. La política industrial está delineada. Las disponibilidades de nuevos presupuestos tendrán que limitarse a mantener los programas horizontales, como las políticas tecnológicas, calidad y seguridad, así como las PYME y el medioambiente.

P. ¿Se ha comprometido KIO a mantener sus inversiones?

R. Industria sólo tiene responsabilidad sobre Ercros y aquí KIO ya ha dicho que no tiene voluntad de mantenerse a largo plazo. Lo que no quiere decir que puedan desentenderse en el proceso actual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de octubre de 1992

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