Resaca después de la fiesta
El hecho de que la Bolsa de Barcelona no hubiera abierto las puertas el pasado jueves ahorró a los inversores el deprimente espectáculo de la caída libre de las cotizaciones que se produjo en los otros mercados españoles. Sin embargo, ayer, la inquietante realidad financiera dejó sentir su aliento en los poco poblados círculos inversores de la ciudad. Bien es cierto que, en conjunto, el mercado barcelonés ha experimentado un descenso menor que el madrileño, explicable en gran medida por la menor presencia de inversión extranjera en forma de moneda caliente. El índice de la Bolsa de Barcelona ya recoge esa característica industrial de la plaza.
Precisamente, los valores industriales, como los de las empresas químicas y las eléctricas, encabezaron los descensos que afectaron a la mayoría de los valores. Como contrapartida, el volumen de títulos negociados fue algo superior a lo que viene siendo habitual, lo cual indica la existencia de inversores atentos a las posibles ganancias en aguas turbulentas. Más a largo plazo, los descensos de precios, tendencia constante desde hace meses, pueden atraer nuevas operaciones de calado, de las que animan los mercados y obligan a los habituales del parqué a poner a punto lo mejor de sus instintos.


























































