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Tribuna:

La fidelidad al "laisser-faire"

La subida de los tipos de deuda del Tesoro y la interrogante que plantea el plebiscito irlandés sobre Maastricht mantienen la tendencia de los valores a la baja. Es la factura de lo público sobre lo privado, murmuran los bolsistas.La limitación general de la intervención del Estado en la vida económica, entendida como fidelidad al laisser-faire, y la justificación social para la posesión ¡limitada y desinhibida de riqueza son dos exigencias básicas en la cultura de la satisfacción, como destaca J. K. Galbraith. El último libelo -en el sentido más movilizador e inquietante, pero menos panfletario del término- del veterano profesor está dirigido básicamente al mundo de la inversión, eterno material objetivable para la literatura financiera y permanente sujeto de vapuleos a destajo. El tercer elemento que da soporte al ansia de satisfacción es la justificación de un sentimineto de menor responsabilidad pública hacia las clases más desprotegidas (forma metafórica de la pobreza). Aunque este último aspecto pilla lejos de la atmósfera intelectual que impregna el entorno de, la llamada industria de valores, también es cierto que hoy bolsista no es sinónimo de rico, sino de riesgo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de junio de 1992