Se extiende la huelga de los servicios públicos alemanes.

La huelga de los servicios públicos en Alemania se intensificó ayer, en su segundo día, afectando especialmente al land de Renania del NorteWestfalia, el más poblado del país, donde el paro de los transportes públicos provocó grandes atascos de tráfico. La Administración sigue sin dar la más mínima muestra de acercamiento a las posturas de los huelguistas, y estos no están dispuestos a ceder. El conflicto puede prolongarse durante mucho tiempo, ya que parece roto definitivamente el tradicional consenso laboral en Alemania.

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La huelga llegó ayer a Bonn y sus efectos se hicieron notar. El cierre de los transportes públicos provocó constantes colapsos de tráfico, especialmente en la Adenaueralle, la avenida que flanquea los edificios del Gobierno. Pero lo que sucedió en el "pequeño pueblo de Alemania" palidece comparado con el caos que se adueñó de las vecinas Colonia y Dusseldorf.En la primera de estas ciudades 750.000 personas llegaron tarde al trabajo mientras que en la segunda, las colas de coches en las carreteras de circunvalación en las primeras horas de la mañana llegaron a los 60 kilómetros. En Hamburgo se han almacenado ya nueve millones cartas. En Berlin la huelga tuvo tintes surrealistas. Dado que la huelga no afecta a la ex RDA, donde los convenios se negocian en otro momento, la ciudad volvió a quedar dividida por donde pasaba el muro.

Monika Wulf-Mathies, presidenta de la ÖTV, el mayor sindicato del sector, dijo ayer a los huelguistas en Duisburg, en la cuenca del Ruhr, que la patro nal, en este caso las Administra ciones públicas, tiene que dar una señal clara de que está dispuesta a hacer una nueva oferta antes de reanudar las conversaciones. El Ministerio del Interior, sin embargo, pretende que los negociadores sindicales vuelvan a la mesa sin condiciones previas. "Habrá conversaciones, dijo una fuente del ministerio, "pero no sabemos cuándo".

Los sindicatos piden de nuevo una subida salarial de un 9,5%, la misma con la que iniciaron las negociaciones, pese a que aceptaron, hasta el momento de declarar la huelga, la propuesta de una comisión de arbitraje consistente en una subida de un 5,4% más una paga adicional de 500 marcos (32.000 pesetas). El Gobierno rechazó esta propuesta y limitó la subida a un 4,8%. Las diferencias entre las dos últimas posturas no son considerables, lo que muestra claramente que está en juego algo más que el salario.

Frustración de los trabajadores

La pesada carga financiera derivada del proceso de unificación junto con la recesión económica mundial -que ha afectado a una industria claramente enfocada hacia la exportación-, así como la inflación en un 4,7% -la más alta de los últimos diez años- y las perspectivas de un exiguo crecimiento, exigen una gran moderación salarial. Pero al mismo tiempo, crecen las críticas contra el Gobierno de quien aseguran que es el primer interesado en la continuación de la huelga para poder así tener un chivo expiatorio que justifique su pésima gestión del proceso de unificación.

El primer fallo de la Administración ha sido no haber calculado bien el grado de frustración de los trabajadores. El Gobierno, por su parte, esperaba que la huelga no fuera seguida, y así lo explicaron los líderes sindicales. Lo cierto es que ayer el caos se adueñó del país. Pese a que los sindicatos se han limitado hasta ahora a paros parciales, más de 100.000 trabajadores pararon ayer. Transportes públicos, fe rrocarriles, hospitales, escuelas, zoológicos, recogida de basuras, teléfonos, correos, se vieron afectados al tresbolillo, creando aún más confusión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 28 de abril de 1992.

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