La Carta de la ONU cruje bajo el paso del tiempo

Hoy se celebra en Nueva York la primera cumbre de los 1,5 miembros del Consejo de Seguridad

La Carta de la ONU es un librito de pastas celestes del tamaño de los antiguos catecismos. En buena medida es un documento visionario que, aunque costosamente, ha cumplido con su objetivo cerca de 50 años. Pero, como toda creación humana, empieza a resentirse al paso del tiempo, provocando situaciones tan grotescas como que Japón siga siendo un país enemígo cuando es la segunda potencia económica y aporta un 11,38% al presupuesto de la ONU.

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Eso ocurre porque la Carta no puede sustraerse ala época en la que nació, cuando los japoneses todavían combatían en el Pacífico, la Alemania nazi acababa de rendirse y las potencias aliadas -EE UU, el Reino Unido y Francia- se erigían como líderes mundiales y se otorgaban a sí mismos un sillón permanente en el Consejo de Seguridad. El anacronismo de esta situación es, seguramente, el principal problema al que hoy se enfrentan la ONU, pero es, también muy probablemente, el tema del que menos se ocupará la cumbre de los 15 jefes de Estado o de Gobierno del Consejo de Seguridad que, por primera vez en la historia, se celebra hoy en Nueva York.Para reflejar las paradojas de esta cumbre baste un ejemplo: Alemania, la locomotora de la Comunidad Europea, el principal protagonista (le la reconstrucción de los antiguos países comunistas del Este, la economía con más impulso en la actualidad no estará presente en la reunión. No porque no quiera, desde luego, sino porque, a pesar de aportar el 9,26% del presupuesto, no es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad ni le corresponde uno de los diez puestos que de manera rotatoria ocupan los otros 161 países de las Naciones Unidas. Es dificil, por tanto, confiar en que la gigantesca cumbre mundial que ha obligado a movilizar a toda la policía de Nueva York pueda ser considerada, como pretenden sus convocantes, en un verdadero foro de análisis sobre el papel de la ONU en el nuevo orden internacional.

La reunión ha sido convocada por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EE UU, Reino Unido, Rusia, China y Francia) con objeto de dar nuevos bríos a la organización en un momento histórico por diversas circunstancias: nuevo secretario general -el egipcio Butros Ghali-, desaparición de la Unión Soviética y nuevo clima de unanimidad entre los miembros del Consejo.

Demasiada unanimidad

Demasiada unanimidad, opinan quienes presionan para que la constitución del máximo organo ejecutivo de la ONU refleje mejor el nuevo equilibrio de fuerzas. "La adaptación de esas estructuras a la realidad actual es una exigencia que se va a ir haciendo cada vez más patente", afirma el embajador español, Juan Antonio Yáñez. Por el momento es muy difícil que los cinco miembros permamentes acepten modificicaciones que les supongan la pérdida de sus privilegios.Para Rusia esta cumbre es la oportunidad de consolidar al presidente Borís Yeltsin, que hace aquí su debú en la arena internacional, como figura capaz de relevar al mítico Mijafl Gorbachov. Rusia no quiere ni oír hablar de cambios en el Consejo porque le sería muy dificil hoy poder demostrar que sigue siendo una potencia digna de ocupar un asiento. Su llegada al Consejo en sustitución de la URSS se hizo con nocturnidad y alevosía: la Nochebuena de 199 1, en una decisión rápida para la que no se consultó a nadie.

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El presidente francés, François Mitterrand, y el primer ministro británico, John Major, tienen el mismo objetivo de reactivar su imagen personal y las de sus respectivos países en un momento en el que sienten su viejo liderazgo amenazado por nuevas potencias pujantes.

Para China, esta cumbre es una oportunidad de oro de reconciliarse con la comunidad internacional después del aislamiento en el que ha permanecido ese país desde los sucesos de la laza de Tíananmen, en 1989.EE UU, por último, tendrá una nueva oportunidad de reactualizar su liderazgo mundial. Y a su presidente, George Bush, se le ofrece una buena ocasión para una foto de campana electoral que no podrá tomarse ninguno de sus contrincantes demócratas.

El azar ha querido que Japón y la India, dos de los países que con más razón aspiran a un puesto en el Consejo, acudan a la reunión por tocarles a ambos el turno en los asientos rotatorios. Si la cumbre hubiera sido convocada antes del 1 de enero de este año, habría que haber invitado también al presidente Fidel Castro, cuyo país ocupaba hasta esa fecha uno de los sillones reservados a América Latina.

La cumbre servirá fundamentalmente como un espaldarazo para Ghali, a quien, probablemente, se le encomendará elaborar un informe sobre las misiones más importantes a las que tendrá que hacer frente la organización en el futuro inmediato. Tras los discursos de los 15 jefes de Estado se hará pública una declaración en la que se reactualizarán las responsabilidades de la ONU en el mantenimiento de la paz mundial y se recalcará la importancia de los cascos azules como instrumento para la seguridad internacional.

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