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El paro la colza, el crimen

La violencia de la droga también asalta a una familia llena de desdichas

Francisco Javier López, un drogadicto de 20 años, se cargó el cristal de la puerta de la cocina, cogió un tridente e intentó clavárselo a su padre. Después, herido por los cristales, se encerró en el baño hasta que se lo llevó la policía. Ayer ocurrió la última desgracia en una historia cuyas víctimas son un hijo toxicómano que extorsiona y golpea a diario a su familia, un padre parado y una madre y su hija afectadas por el síndrome tóxico.

Joaquín López, de 59 años, manejaba excavadoras y ahora es un "parado de los de sin cobrar". Ayer mojaba su puro con lágrimas en su piso del barrio de Tetuán. "Lo de mi hijo es una desgracia, la mayor que tenemos", comentaba Francisco Javier lleva enganchado a la heroína un año. Perdió su trabajo de maquinista porque dejaba la excavadora donde fuese para buscar droga.Desde entonces duerme a cualquier hora, se emborracha e insulta a todos. "Y nos saca unas 5.000 pesetas diarias para droga", comenta la hermana, Carmen; de 24 años, enferma por el síndrome tóxico. El chico "se torció desde lo de la colza" (que afectó a la madre y a cuatro de' las cinco hermanas). A él también le tocó el síndrome. "Aunque no está censado, nos dijeron que no tiene bien los nervios". Se ha desplomado tres veces tras pincharse y ha intentado pegar a menudo a su padre. Ayer por la mañana ocurrió la última agresión. "Estaba tirado en el sofá. Ultimamente no se lava ni se cambia de ropa. Sólo le dije que se duchara. Entonces se tiró contra mí". Luego se llevó por delante de un puñetazo un cristal, cogió un tridente de pinchar carne e intentó clavárselo a Joaquín. Después se encerró en el baño, herido por los cristales, hasta que llegó la policía. Ayer tarde estaba en libertad.

La familia quiere que Francisco se cure, pero se ha topado con el laberinto burocrático y la resistencia del chico a tratarse. "Tenemos que pedir prestadas 200.000 pesetas para ponerle en lista de espera en un centro privado". Hay otras penas: la colza -"mi madre se va a morir cualquier día", decía Carmen- y tener que arreglarse con 100.000 pesetas que perciben en total madre e hija, a las que hay que descontar los sablazos de Francisco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de enero de 1992