Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una joven de 15 años pasó cuatro meses errante con una familia gitana tras escaparse de casa

Nuria Arévalo Rodríguez, de 15 años, se marchó de su casa de Vallecas el 3 de septiembre y ha pasado los últimos cuatro meses conviviendo con una familia gitana que la llevó por toda España. Nuria se fugó, según la policía, por temor a que sus padres la reprendiesen por haber suspendido en septiembre. Se dedicó a mendigar, a vender pañuelos de papel y a trabajar en el campo. El día de Nochebuena, dos policías la encontraron en una calle de Medina del Campo (Valladolid).

ANA ALFAGEME Lourdes Rodríguez y Mario Arévalo denunciaron el cuatro de septiembre la desaparición de su hija en la comisaría de Entrevías. La chica llevaba un pantalón vaquero negro y una camiseta estampada con fondo blanco la última vez que la vieron. Luego pasaron 111 días largos sin tener noticias de ella. Una llamada cambió el panorama de una cena de Nochebuena en familia sin Nuria. El día 24 les avisaron de que la chica había sido encontrada en una calle de Medina del Campo (Valladolid).Una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía se había topado con ella en la calle de Juan de Ávila. Los agentes le preguntaron qué hacía allí. La chica les dijo su nombre y confesó que se había fugado de su casa, en Madrid.

Nuria declaró en la comisaría de Medina -y después en el Grupo de Menores de la Policía (Grume)- que se marchó de casa porque tenía miedo de la reprimenda que le darían sus padres por haber suspendido los exámenes de septiembre.

Días antes de su desaparición, la muchacha había intentado engañar a sus padres falsificando las calificaciones de dos de los cuatro suspensos que recibió en la convocatoria de septiembre, informa Efe. Los padres descubrieron su treta y Nuria pensó que lo mejor que podía hacer era marcharse de casa. Se unió a una familia gitana y viajó por varios lugares.

El primer destino de su vida transhumante fue Las Pedroñeras, en Cuenca. Allí estuvo trabajando en la recogida de la cebolla. Después, la familia gitana y la muchacha se movieron a Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) y a Arévalo (Ávila). El grupo, según ha informado la Jefatura Superior de Policía de Madrid, se instalaba en casas abandonadas. La última estación de su viaje fue Medina del Campo.

Ahora la joven ha vuelto a casa de sus padres, en un bloque de pisos en Vallecas.

El padre está empleado, según los vecinos, en unos grandes almacenes. La madre, Lourdes Rodríguez, trabaja como ama de casa. Nuria es la hija mayor de la pareja y tiene dos hermanos -un niño y una niña- más pequeños que ella.

Exámenes médicos

Lourdes se felicitaba ayer de que todo hubiese pasado. "Han sido cuatro meses muy duros", decía la mujer, rubia y joven, mientras el teléfono sonaba y sonaba. "Hemos encontrado dificultades para publicar la fotografía de la niña en los periódicos y para que la gente se enterase de su desaparición. No nos han ayudado mucho, la verdad".

Nuria estaba en casa. "Se encuentra bien, la hemos llevado al médico para asegurarnos de que no había perdido la salud. Está sana y queremos que se olvide de todo esto", comentaba la madre, que se negó en redondo a que la joven hablase con este periódico. "No dejan salir a Nuria estos días", comentaba ayer una vecina de su misma edad.

Otra inquilina señalaba que los padres de la muchacha no se habían dirigido a ellos para preguntar por su hija mayor. "No se habla de estas cosas en la comunidad, nos hemos enterado por ahí". Varias vecinas coinciden en señalar que el matrimonio no tiene muchas relaciones en el bloque. Una de ellas describe a Nuria como una joven que cuida mucho su. aspecto. "Siempre iba muy arreglada, muy pintadita".

"No sabemos nada, no sabemos nada', me repetían sus padres todos estos meses", comentaba ayer Mariano, un panadero de la misma calle amigo del matrimonio. Nuria no dio señales de vida durante su largo viaje. Mariano recuerda que la foto de Nuria estuvo expuesta por todo Madrid. "Al principio se decía que le habían raptado. Y yo me creo esa versión, más que se fuera de casa voluntariamente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de diciembre de 1991

Más información

  • Nuria Arévalo mendigaba y vendía pañuelos de papel