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Aferrados al símbolo del viejo caserón

"Se nota que tenemos vecinos ricos", comentaba un policía hace unos años al ver los muebles que tiraban a la basura los obreros que reformaban los despachos destinados al presidente Joaquín Leguina y a sus colaboradores.Los agentes no dudaron en rebuscar en los contenedores y hallaron algunos tesoros, tales como unos ruidosos aparatos de aire acondicionado. Las oficinas de la Brigada Judicial disfrutan desde entonces de cierto frescor durante los tórridos meses estivales. Menos da una piedra.

Los policías destinados en la Puerta del Sol se han pasado la vida llorando sobre las malas condiciones en que trabajan: despachos minúsculos e insalubres, de paredes desconchadas, donde apenas tienen espacio para moverse. Pero, en cambio, reconocen una ventaja: "Nos encontramos en pleno centro de Madrid y gracias a eso estamos a cinco minutos del atraco".

Los inspectores de la Brigada Judicial se han resistido con uñas y dientes a ser desalojados por el Gobierno de Leguina. En parte porque trabajar en el corazón de la capital tiene sus ventajas de transporte (ahora serán desplazados a Moratalaz y Chamartín). Pero también por lo que ese viejo caserón de la Puerta del Sol reúne de simbología policial para ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de noviembre de 1991