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Suscrito al atraco postal

Lo de la oficina postal de la calle de Alburquerque es de reatraco. Diecinueve robos desde 1981. Siete este año. Los cuatro últimos, con el de ayer, cometidos en 18 días y por la misma persona. Los 21 funcionarios que trabajan en la sucursal, que cubre el barrio de Chamberí, no se lo creen: "Nos conoce como de la familia".

Los trabajadores, indignados ante la carencia absoluta de medidas de seguridad, desprotegidos, denuncian que este local debería de estar cerrado. La dirección de Correos reconoció que, efectivamente, esta sede ya no tendría que funcionar, y ayer la cerró.El atracador, para mayor escarnio, ha sido el mismo las últimas veces y lleva la misma cazadora. Francisco, uno de los funcionarios contratados, ironizaba al otro lado de las rejas que mantenían la puerta bloqueada para curiosos: "Con el dinero que ha sacado de aquí ya se podría haber comprado otra". Francisco fue el que primero sintió ayer el filo de la navaja -de montaña y ocho dedos de larga- pegado a su costado: "Era poco después de las doce de la mañana, me había puesto a despachar giros para sustituir a una compañera cuando noté que alguien me desplazaba. Inmediatamente me pegó el machete y me dijo que me estuviera quieto".,

Los funcionarios reconocen al atracador "como de la familia": estatura media, pelo negro largo, moreno de cara y delgado. Además señalan que otras veces lleva pistola. Esta vez, no. "Abrió el cajón y cogió tres puñados de dinero en taquitos de 25.000 y 100.000 pesetas", explican. Fuentes de Correos informaron de que la cuantía del robo ascendía a 2.171.000 pesetas.

"Estamos peor que en una frutería o que en cualquier estanco, porque no hay ni alarma", resaltan los trabajadores sobre sus inexistentes medidas de seguridad.

La sucursal de Chamberí, que tendría que estar cerrada precisamente desde ayer y que ha sido sustituida por la inaugurada el 29 de octubre en la calle de Pizarro, gestiona una media de 10.000 cartas diarias y 200 despachos (giros postales y telegráficos). La dirección de Correos justifica la tardanza del cierre por la dificultad a la hora de redistribuir a los empleados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de noviembre de 1991